logo

¿Qué quieres ser de mayor?

Si todavía no sabes qué quieres ser de mayor, este es tu programa. En Aldaia Ràdio los viernes por la tarde en vivo, 89.4FM, y siempre en los podcast de www.aldaiaradio.com Si todavía no sabes qué quieres ser de mayor, este es tu programa. En Aldaia Ràdio los viernes por la tarde en vivo, 89.4FM, y siempre en los podcast de www.aldaiaradio.com

Transcribed podcasts: 7
Time transcribed: 4h 26m 31s

Unknown channel type

This graph shows how many times the word ______ has been mentioned throughout the history of the program.

Hola, ¿qué tal estáis? Os doy la bienvenida a un nuevo programa de ¿Qué quieres ser de mayor?
Soy Natalia Beta, la voz que, junto a un profesional diferente cada semana, os acompañará en este ratito. Cuando hablamos de educación social, ¿qué es lo primero que se te viene a la mente? Puede ser que un centro de acogida o de trabajo con personas sin hogar. O quizá pienses con algo relacionado con el ámbito penitenciario. O simplemente puede que no tengas muy claro por dónde van los tiros.
Hoy nos acompañan en este estudio de Aldaya Radio, Lidia y Chelo, educadoras sociales de Camp Horta Aldaya, que nos mostrarán cómo funciona el trabajo de la educadora social, concretamente la relacionada con los menores de edad. En la sección de Cómo llegué hasta aquí, os mostraré la historia de David López, quien ahora trabaja como programador. Pero esa no fue su primera opción. Os cuento cómo llegó hasta su puesto actual en nada. No os la perdáis.
Así que no me enrollo más y vamos allá con este programa de ¿Qué quieres ser de mayor? La educación social nace con el propósito de paliar las desigualdades sociales, como atender a los jóvenes en riesgo de exclusión social. Surge como respuesta a la necesidad de acompañar y fomentar la inclusión social de colectivos vulnerables y es más antigua de lo que creemos, ¿eh?
Este trabajo evoluciona desde la beneficencia hasta convertirse en unos estudios reglados, enfocados en la educación no formal y la intervención comunitaria. Su origen se remonta a los siglos XVI y XVII, aunque en España no existe como una profesión reglada hasta 1991, cuando empieza a ser una diplomatura universitaria.
Se podría decir que en Francia es donde se encuentra el precedente de la educación social, ya que es donde en 1947 se funda ANEGI, la Asociación Nacional de Educadores de Jóvenes Inadaptados. Llegaron a actuar a nivel internacional en países como Holanda, Bélgica, Alemania, Estados Unidos o Canadá.
Para 1969 había logrado reagrupar a 18 asociaciones nacionales con 6.000 miembros. Y con los años la ANEGI se cohesionó con el Movimiento de Acción Educativa Especializada. Así empieza el camino para la formación experimental de educadores especializados en prevención e intervención con jóvenes inadaptados, discapacitados psíquicos, adultos marginados y todo este tipo de colectivos. Logrando que la profesión denominada
Educación especializada fuera una realidad profesional. En España tardamos un poco más. La llegada de la democracia y del estado de bienestar en los años 80 influyen en la aparición y en la configuración de la figura del educador social, que adaptaron directrices del centro de formación de educadores especializados.
A día de hoy la profesión del educador social es clave en el ámbito de la educación no formal, aquella que se refiere a la educación de calle en centros de menores o a la atención a la dependencia. Como veis, la educación social abarca muchos más ámbitos de los que os podéis imaginar. En la entrevista de hoy vamos a hablar de varios de ellos, pero vamos a centrarnos en la educación relacionada con los menores.
En el programa de hoy tenemos con nosotras a Chelo y a Lidia que trabajan de educadoras sociales aquí en Aldaya y es la primera vez que tenemos en el programa a dos invitadas a la vez. Así que bueno, bienvenidas. Muchas gracias.
Bona nit.
Vale, bueno, pues para ser educadora social es una carrera universitaria, o sea que sería acceder a la universidad y son cuatro añitos. Yo personalmente me la saqué por la UNED a distancia. Es una carrera muy asequible y muy bonita, así que creo que además te sirve a ti de manera personal.
Y una vez he terminado la carrera, quiero ponerme a trabajar de ello. ¿Qué es lo que tengo que hacer? Bueno, es que en realidad la educación social abarca muchísimos campos. Es súper amplia. Es todo lo que no es educación formal. Es decir, cualquier ámbito de educación, que no sea dar clases formalmente en un instituto, en un colegio...
Entonces educación social puede haber en las mismas escuelas también, como un papel diferente a los profesores, puede haber con personas adultas, con personas en riesgo de exclusión social, en un montón de ámbitos. Nosotras en concreto trabajamos con menores del sistema de protección aquí en Aldaya. Pero bueno, lo primero también es un poco ya en la carrera ir viendo qué campo te interesa, con mujeres, con yo qué sé, un montón de posibilidades. Entonces es ir...
Pues viendo qué campo te puede interesar y entonces a partir de ahí pues ya intentar ir especializándote un poquito por ahí, ¿no?
¿Y todo esto va ligado mucho al sector público o también hay algún tipo de sector privado en lo que abarca la educación social? Sí, están las dos formas, está lo público y está lo privado. O sea, existe el emprendimiento social, aunque es un poco más difícil, pero sí que está esa parte de fundaciones, de empresas y tal, pero lo que más hay, lo que más conocemos, la realidad es que es lo público.
Y bueno, también quería saber, en vuestro caso particular, ¿cómo supisteis que queríais dedicaros a la educación social? Chelo. Bueno, yo es que he hecho mucho recorrido. Yo no empecé por la educación social. Yo estudié filosofía. Estuve unos años dando clase y yo colaboraba en temas sociales más bien como voluntaria. O sea, colaboré en muchas historias, en Proyecto Hombre, en centros de día de menores, en actividades de ocio de menores...
Entonces todo eso era para mí un campo como al margen de mi profesión. Entonces hubo un momento que sí que me surgió, porque en ese momento todavía, yo tengo bastantes años, no hacía falta tener un título oficial de educador porque no existía la diplomatura de Educación Social en València. Entonces con una licenciatura tú podías trabajar de educadora. Entonces llegó un momento en que en uno de estos proyectos que yo colaboraba me ofrecieron trabajar.
Entonces yo me puse a trabajar de educadora social sin tener una titulación de educadora social porque no existía. Y luego ya trabajando estudié educación social. Entonces ya salió la diplomatura, yo la hice en el segundo año que se hizo en Valencia. Entonces eran tres años y así llegué, un poco por diferentes caminos.
Claro, claro, al final muchas veces no vamos en línea recta a lo que luego llegamos a hacer. Sí, sí, y a lo largo de la vida a veces haces más de una cosa y vas cambiando, ¿no? Y luego una vez hice educación social he cambiado de ámbito muchas veces, la verdad. He trabajado en muchos ámbitos distintos. Yo empecé luego dependencias, luego trabajé dentro de la prisión como educadora, ¿no?, de externa, que entraba a hacer talleres en un proyecto de salud mental...
En gente sin techo, en VIH, consumidores activos de drogas, un programa de reducción de daños. Bueno, pues eso, ha ido cambiando mucho. Y aterricé en esto de menores hace unos 5 o 6 años.
Guau. ¿Y en tu caso, Lidia? Pues yo realmente no lo tenía muy claro porque también lo desconocía. O sea, yo lo típico que suele pasar que creo que necesitamos más orientación en los institutos. Yo sabía que quería ir a la universidad y que me gustaba el ámbito educativo. Siempre he sentido como de querer enseñar, querer acompañar y cuando yo acabé bachiller me metí a pedagogía y estudié pedagogía y me saqué la carrera, también una carrera muy bonita.
Y empecé a trabajar, pero como que me veía que me faltaba algo y ya tenías más conocimientos de más carreras y tal. Pero yo lo que me estaba encaminando sobre todo era a lo social, a trabajar con menores en riesgo de exclusión social...
Y ahí fue cuando me di cuenta que dije, bueno, pues creo que me puede gustar educación social porque digo, me saco un máster. Los másters eran súper caros. Y luego decía, a ver, pedagogía era ya más dentro de la educación, o sea, del sistema educativo. Y yo me veía cada vez...
Más fuera porque me veía muy crítica de cómo estaba funcionando el sistema educativo porque sin querer excluía a estos niños. Entonces decía, vale, pues yo hacia dónde me voy. Y una temporada acabé trabajando en un centro de menores y la verdad es que me vi en muchas situaciones de tensión.
Y dije, ostres, pues si esto lo he podido vivir y lo vivo como un aprendizaje y que lo puedo sobrepasar este conflicto con este colectivo de menores y tal, digo, pues nada. Y entonces ahí ya empecé la UNED a estudiar.
Y la verdad es que con los conocimientos que ella tenía de pedagogía y tal, entonces a la vez estaba trabajando con menores y al mismo tiempo estaba estudiando, o sea que súper bien. Y o sea, siempre yo no he trabajado con otro colectivo, entonces siempre he trabajado con menores, al final eso también te va dando más bagaje y vas viendo por dónde te puedes ir encaminando y ahora aquí que estamos en el centro de acogida.
Porque al final, cuando hablamos de educadora social, puede que tengamos un concepto un poco abstracto, no acabamos de saber exactamente qué es lo que hacéis en vuestro caso. Sabemos que estáis con niños, pero ¿cuál es vuestra función principal con ellos?
A ver, nosotros ahora estamos aquí en Aldaya en una vivienda que es un centro de acogida, tiene 12 plazas, si es más pequeña se llama hogar, en este caso se llama residencia porque tiene más plazas. Entonces nosotros de alguna forma somos la familia que educa a los niños. O sea, nosotros trabajamos a turnos, siempre hay alguien en la residencia, los niños van al cole, tienen sus actividades extraescolares, como cualquier niño, pero luego cuando llegan a su casa, que es la residencia, pues nosotras somos las que estamos ahí, ¿no?
Las que tenemos que tener una tarea educativa con ellos, las que llevamos su día a día, sus necesidades, la relación con sus familias de origen o posibles familias de acogida o de soporte que pueden tener los niños, la relación con la administración, su situación jurídica, legal, lo que sea, están en el sistema de protección. Entonces, un poco los que hacemos un poco todo ese papel con los niños.
Yo añadir que, por ejemplo, me ha gustado la pregunta que has hecho porque mi familia muchas veces tampoco sabe muy bien. Ah, no, pues es trabajadora social, pues es educadora, pero realmente tampoco es normal porque hay otras carreras, otras profesiones que son muy parecidas. Entonces yo siempre digo que la diferencia entre
El trabajador social y el educador social es que el educador social estamos más en la atención directa, es como que estamos más en el campo, o sea, más en el tú a tú. Yo creo que sobre todo, todos acompañamos, trabajador, psicólogo, pedagogo, educador, pero nosotros estamos como más eso, en el campo, en la intervención educativa. Y el trabajador social...
que es con quien más nos comparan, es más a lo burocrático, que además también necesitan ese acompañamiento, aunque también intervienen, pero nuestra tarea principal es esa, la de intervenir en el campo educativo. En el día a día de los niños.
Ya has dicho que trabajáis a turnos también por las noches, dormís también allí con ellos. Sí, claro, porque tiene que haber alguien siempre allí con ellos, claro, en su casa, entonces son menores, no pueden estar solos. Claro, claro. ¿Y siempre estáis con los mismos niños o vais cambiando? ¿Cómo funciona un poquito eso?
Pues, a ver, precisamente en este centro, porque hay diferentes centros, hay centros que son de acogida, pero que son de recepción, que es donde llegan, hay otros que son más de conductuales, nosotros donde estamos es un centro de acogida que es más pequeñito, más de casa, entonces, cada educador tutorizamos a uno o a dos. Entonces, sí, siempre estamos con uno, en concreto, que es el que le llevamos todo, pero realmente siempre estamos todos juntos.
Y aparte, como son 12, nos dividimos por grupos educativos para tener más atención. O sea, aquí en este centro, digamos que es un centro de larga duración, que mínimo van a estar un año, pero que van a tener una atención más personalizada porque cada niño tiene a dos educadores de referencia. Como vamos por turnos, para que ellos siempre tengan a alguien de referencia, a quien pedir, a quien buscar, a quien tal, para que tengan esa atención más personalizada.
Claro, claro, y eso a ellos también les sirve un montón para orientarse y porque lo necesitan. Hay que tener en cuenta que ellos vienen sin su familia. O sea, son niños que están en situación de desamparo y, claro, vienen con sus propios traumas y esa situación personal y familiar. Entonces, por eso, aquí como que vienen los niños que se sabe que la situación de desamparo va a ser larga.
Por eso somos más educadores y menos niños. ¿Cuál es la situación que más os ha marcado a vosotras? Vamos a hablar en el campo de los niños.
A ver, muchas, la verdad, porque sí que es verdad que hay que tener en cuenta que lo que decimos, que los niños al final, ellos son los que están pagando...
la negligencia de sus padres. O sea, son mis padres los que lo han hecho mal, pero realmente quien lo estoy pagando soy yo porque me quitas del sistema familiar, me quitas de mi familia, me quitas de mi casa, de mi colegio y me mandas a otro sitio donde no conozco. O sea, yo algo que veo mucho es cuando llegan, las caras cuando llegan
Y luego cómo se van relajando, ¿no? Y cómo se van vinculando con los educadores y con los demás. Pero impresiona mucho y luego lo recordamos, ¿no? Con los niños. ¿Tú acuerdas el primer día que viniste? La cara que pusiste. O sea, luego, por eso es importante también nosotros nunca olvidarnos de dónde vienen. Porque a veces ahí vas con el piloto automático y tú estás trabajando, pero claro, es que ellos vienen de una situación...
a nivel personal y familiar que vienen solos. Entonces yo creo que es un cúmulo de situaciones que vamos viviendo y que al final ellos de vez en cuando van despuntando que es normal, tienen rabia, están enfadados y siempre hay momentos que dices, ostras, es tough, pues tienen muchas crisis, como cualquier niño que tiene en su casa una rabieta que se vive el doble.
Porque aquí el tiempo se multiplica, están dos meses, pero no están dos meses, es como si estuviesen para ellos ocho meses, o sea, el tiempo ellos también como que lo tienen un poco que no saben, ¿no? Entonces creo que los momentos, si diría uno, no sabría, te diría a lo mejor el que hace reciente, porque es el que más, el que más, pero seguro que hay muchos más.
Sí, yo creo que si vamos a situaciones, a historias concretas de niños, pues hay muchas que te marcan. Yo sobre todo al principio de trabajar con esto me costó mucho, me resultó muy duro, no solo por las historias que traen los niños y la mochila que cada niño trae,
sino por a veces la impotencia de que como sistema y como sociedad no les podemos dar lo que necesitan realmente. Y es verdad que en la residencia lo hacemos lo mejor que podemos, que los educadores se entregan, pero no es el lugar donde vivir un niño, o sea, una residencia. Los niños necesitan una familia y cuando no está su familia de origen o biológica,
Pues tendríamos, yo creo que la administración tendría que trabajar mucho más el tema de las familias de acogida, que yo creo que es el recurso ideal, o sea, porque estos niños necesitan una familia en la que vivir y vivir una vida normalizada, ¿no? Y ese recurso, pues a veces no se trabaja lo suficiente, no se conoce lo suficiente…
Y eso te da también mucha impotencia. Nosotros desde la RESI también intentamos que haya familias de respiro, que llamamos, familias que a lo mejor no se pueden comprometer a acoger permanentemente a un niño, pero sí que pueden colaborar de alguna manera en los fines de semana, en actividades, para que los niños tengan otra experiencia de lo que es vivir en una familia que no es su familia de origen, porque claro, su visión de lo que es vivir en familia está muy distorsionada, porque su historia de familia es difícil.
Entonces, solo el poder ver lo que es vivir en otra familia, donde la gente se relaciona de otra manera, donde se respeta de otra manera, donde ya es muy rico para ellos. Y desde luego creo que es algo que se tendría que dar a conocer muchísimo, esto de las familias de acogida, porque de verdad que nosotros vivimos con esa impotencia de decir, damos lo que podemos y hasta donde llegamos, pero no es el ámbito, no es la estructura donde un niño tiene que vivir y tiene que crecer, ¿no? Entonces...
A mí esto en concreto sí que me marca mucho en el día a día también, ¿no? De las limitaciones, ¿no? Y porque también conocemos niños que sí que salen el fin de semana porque han conseguido una familia acogida y vemos lo bien que le ha venido, lo feliz que están...
Y, jolín, cuando vuelven están más tranquilos, claro, es que al final yo me pongo en su lugar y hasta a mí a veces me pasa que cuando paso mucho tiempo trabajando ahí dentro es que, claro, es que hay que imaginarse que es como si fuese un colegio permanente todo el día. O sea, tu habitación, la ducha, todo. Entonces, claro, el salir el fin de semana es un respiro para ellos y para los demás que de verdad que les damos la vida solamente con eso, la experiencia. Y luego,
Aunque luego vuelvan, es el respiro de decir, uff, la descongestión, ¿no? De decir, salgo y vuelvo y vuelvo con más, pues eso, con más amor, con más, ya no todo me sienta mal, es que son niños, o sea, al final no hay que olvidarse de que necesitan esa pequeña hogar y acogida y cariño.
Claro, claro. Porque si alguien nos está escuchando alguna familia que le empieza a llamar la atención el tema de lo que has comentado de las familias de respiro, ¿qué es lo que tiene que hacer en el caso de aquí de Aldaya? Sí.
Pues ponerse en contacto con la residencia. Somos el Ram Lorta. No sé si podemos dar el teléfono aquí. Pero bueno, a través tuyo, por ejemplo, sería ideal. Ideal. Claro. Si alguien está interesado, pues que se ponga en contacto con la radio, contigo. Claro. Si a alguien le conmueve un poco este tema, y sobre todo también si tiene otros hijos, porque yo, por ejemplo, tengo una amiga. Pues mira, yo es que estoy divorciada y tengo un hijo y tengo a mi hijo que quiere también.
que para que pueda jugar con otros niños que tal pues mira esta es una buena oportunidad si eres familia monoparental y solo tienes un hijo y quieres un poco que tu hijo pues juegue y que se relacione y también conozca este mundo de lo social y otra o sea una realidad que existe de que hay niños que no tienen familia y creo que podría ser también como un proyecto pues eso social y
Y un poco mirar hacia la realidad que existe y que podamos valorar también. Claro, porque muchas veces todos los nenes y las nenas de familias...
estructuradas de alguna manera, no son conscientes de que existe esta realidad. Y esto es una experiencia, claro, lo hemos contado desde el lado de nuestros niños, pero yo creo que también para las familias es una experiencia muy enriquecedora y muy bonita el acoger en tu casa a otro niño, con su historia, con su necesidad, con su...
Y así como en Aldaya tenemos esta casa de acogida, esta resi que dicen las nenas, hay en todos los pueblos, hay en algunos que sí, en algunos que no. ¿Cómo está distribuido todo este tema?
No, es que realmente aunque esté en Aldaya es de consellería, entonces hay más centros de acogida que algunos pertenecen a consellería, otros pues sí que es privado, pero ahora mismo sabría decirte en qué municipios hay, pero lo más cerca de Valencia es esto.
De público. De público, privado y más. Estos privados son concertados. Normalmente los llevan ONGs, en algún caso empresas, pero más las viviendas yo creo que... Y hay muchos municipios, sí. ¿Qué diríais que es lo más reconfortante de vuestro trabajo?
Pues, a ver, es verdad que es un trabajo que sí que reconoces mucho el feedback. O sea, yo he trabajado como educadora social en absentismo escolar, o sea, como en un trabajo más a los servicios sociales, pero aquí al mismo tiempo que recibes también hay mucho feedback precisamente por la atención directa. Entonces, yo creo que lo más reconfortante es ese feedback que te puedan dar, ese...
pues ahora te digo esto, pero de repente te doy un abrazo. O sea, el ver que hay vínculo. O sea, eso es lo más bonito. El que hay vínculo, el que se preocupan, el que tú te preocupas, el que ves cómo tu trabajo sí que se ve, sí que ves que es visual, ¿no? Que estás trabajando con el niño o la niña y hay un avance, hay un, pues mira, está más tranquila, está más tal o jolín, pues... Pero al final, al ser tan atención directa, es que es el cariño.
Sobre todo. Es el vínculo que haces con ellos y lo que ellos te devuelven. Y sobre todo es muy gratificante cuando ves que historias salen bien. O sea, que niños que cambian, que crecen, niños que se van con una familia y que dices, jo, qué suerte ha tenido, qué familia, qué bien va a estar. Y eso es muy gratificante cuando la historia sale bien. Claro.
O que vuelven con su familia, porque pueden volver. Ellos vienen, tienen una situación de desamparo, pero la familia sigue teniendo interés. Hay casos que sí, y entonces Servicios Sociales está trabajando y tienen visitas con las familias. Entonces es un trabajo muy coordinado con la familia, Servicios Sociales, y vas viendo que la familia cada vez se va interesando. Y tú vas trabajando al mismo tiempo con la familia y dices, venga, va, que esto va...
que van a volver a su casa, ¿sabes? Porque la idea siempre es que estén aquí, o sea, que esto sea transitorio, que estén en un curso escolar. Vengan, están en un curso escolar y a partir de ya, pues eso, en verano, cuando ya acaben el curso escolar, que vuelvan con la familia y eso lo hemos visto mucho. Entonces eso es bonito. No es lo más frecuente. Lo más frecuente es que no haya, a veces, esa posibilidad de volver con su familia de origen, que no haya una familia alternativa y que los niños cumplan algunos los 18 años en la residencia.
Claro y que aparezca esa palabra de están institucionalizados que es algo a lo que yo me horrenda la palabra pero sí que los veo que cada vez es como que pues eso que Jolín dices es que se nota que ya es la res y la res y que buscan la figura de los adultos porque se relacionan con muchos adultos.
En realidad en una familia normal, los niños es normal que se relacionen con niños que tengan de referente a su padre y a su madre, pero aquí es nosotros. Entonces luego veo que les cuesta relacionarse cuando ya son más adolescentes, con los adolescentes tienen problemas de relación. Entonces al final por eso aquí creo que lo más importante que podemos decir es eso, la necesidad de que existan familias colaboradoras
para eso precisamente, para que tengan ese espacio y puedan relacionarse y tener una vida más normalizada. Claro, porque habéis dicho que lo suyo es que estén como mucho un curso escolar, pero si esta situación se alarga y también los niños ven que esta situación se alarga y no tiene pinta de acabar, ¿cómo manejáis vosotras el que no pierdan la esperanza o cómo se gestionan esas emociones?
Eso es lo más difícil. Eso es lo más difícil. Pero a ver, también por otro lado decir que si se quedan es porque su familia es imposible. Es decir, que van a estar mucho y que están mucho mejor en la resí que en su familia.
Entonces eso se va trabajando poco a poco como van creciendo y sobre todo no mintiéndoles. Esta es tu vida y aunque tu madre o tu padre estén presentes no pueden estar contigo o a lo mejor no están. Es que claro, es muy duro por las dos formas, que estén presentes y que tú tengas visitas y los veas, pero...
Por cualquier enfermedad o por lo que sea tus padres no se pueden hacer cargo de ti y tú vas a estar aquí y también lo difícil es que directamente no están. Entonces, ¿cómo se va trabajando eso? Pues también no un trabajo solo de resi que muchas veces también...
En los institutos, los colegios, se creen que son nuestros hijos y no son nuestros hijos, son hijos del sistema. O sea, vosotros también sois encargados de que este niño que está en nuestra residencia también trabajéis con él, porque son niños del sistema. Muchas veces se creen que son nuestros hijos y no. Entonces, eso es un trabajo muy importante que sepan que es de todos. O sea, intentamos que no solo tengan nuestro recurso.
Van a extracolares, van a... O sea, intentamos... Y luego, aparte de eso, también coordinarnos mucho con el instituto, que es su otra casa. Claro, claro. ¿Y qué diríais que es lo más complicado de tratar con niños? Porque aparte, cuando son pequeños, pueden tener más rabietas de niños pequeños. Pero también hemos comentado el tema de los adolescentes. ¿Qué es lo más complicado para vosotras de tratar con ellos?
Pues mira, con los adolescentes es ese aborigen y además ese momento de transición en el que muchas veces ellos no saben cuándo estoy en el rol de soy aún infantil y cuándo soy adulto. Entonces creo que ese paso, porque la adolescencia me parece un periodo muy, muy complicado. Eh...
Creo que lo más difícil es eso, ¿no? El saber que ellos... El saber gestionar cuándo soy adulto y cuándo no. Y cuándo estoy tomando una decisión desde la niñez, desde niño o niño, pero realmente las consecuencias son de ya un poco más adultas. Entonces, un poco... Es que, claro, se juntan muchas cosas. También el cambio del cuerpo...
El cambio de los pensamientos, las relaciones sociales, las relaciones sociales cambian, los intereses cambian, entonces es ahí mucho diálogo, sobre todo mucho diálogo porque creo que los adolescentes lo que quieren es no que tú les hables sino que tú les escuches sobre todo y que ellos se expresen.
¿Se lo quieres añadir algo más? A ver, la pregunta es... Lo más complicado. Lo más complicado. Pues sí, yo creo que gestiona todo eso porque eso que es una adolescencia normal, que es lo que está contando Lidia, aquí viene con que hay que asumir una historia de vida diferente.
Un espacio en donde vives diferente y a veces tienen vergüenza de contar a sus compañeros dónde viven, sobre todo cuando llegan a adolescencia y les cuesta relacionarse también desde ahí. Y luego yo creo que también en el día a día lo más complicado de gestionar para nosotros es cuando surge la violencia, que hay momentos en que surge, y la agresividad, porque está ahí, está en su...
En su interior y tiene que salir y cómo ayudar a que salga de una manera positiva para todos y además, claro, vivimos un espacio pequeño, 12 niños, entonces, bueno, pues puede surgir un conflicto con uno y eso salpica a los demás también de alguna manera, entonces yo creo que gestionar esas situaciones a veces es lo más complicado del día a día.
Porque además hay nenes y nenas de diferentes edades. Sí, sí. Desde ocho años hasta dieciocho pueden estar. Claro. Y están todos juntos. Sí. Bueno, por grupos educativos y en las habitaciones también están chicos, chicas, por edades más o menos. Pero sí, luego la convivencia es de todos, claro.
Vamos a pasar ahora otra vez, vamos a centrarnos en la figura de la educadora social, porque ¿qué características diríais o qué capacidades tiene que tener una buena educadora social? Escucha, escucha, sobre todo escucha. Paciencia, mucha paciencia, capacidad de comunicación, capacidad de trabajar en equipo.
Muy importante porque somos muchos educadores y si ya en una familia el padre y la madre se tienen que poner de acuerdo y eso cuesta, imagínate. Entonces yo creo que eso también es muy importante. Y empatía. Y también un poco no olvidarse de dónde estamos porque creo que sin querer y a nivel personal...
Yo llevo poco en la residencia, llevo casi dos años, pero sí que es verdad que hay veces que estoy como muy pendiente de no desensibilizarme por yo protegerme a mí misma, porque al final es que es verdad que trabajas muy cerca de la vulnerabilidad, en menores, desamparados, con traumas, han vivido historias muy difíciles, muy complicadas, que no se merece nadie y menos un niño...
Entonces es como estoy muy pendiente de no intentar desensibilizarme para no poder atender bien e intervenir bien a ese niño que viene dolido, viene con un trauma, viene con una mochila y sobre todo estoy muy pendiente de no normalizar y no de desensibilizarme de eso porque al final...
Claro, es tu trabajo, llevas muchos años y es normal que dices, bueno, eso no es nada, porque claro, como pasan tantas cosas, pues no, pues sí que es, o ha pasado esto o tal, entonces eso creo que es una capacidad que hay que ir, o sea, que no hay que perder la empatía y la sensibilidad de saber qué es lo que viene y vamos a trabajarlo, no vamos a quitarle importancia porque ya ha pasado más veces, ¿sabes?
Y habilidades sociales sobre todo, o sea, aquí sin habilidades sociales creo que es que estás todo el rato ahí y tener muchos registros porque al mismo tiempo no puedes estar todo el rato marcando ni riñendo porque entonces ya lo has perdido. Al final una madre, un padre riñe pero tiene cariño, o sea, les da cariño. O sea, hay que ir un poco cambiando, tener esa capacidad de registro, de ahora...
Ahora te riño, pero ahora estoy jugando contigo. O ahora te doy un abrazo. Porque si siempre estás en ese modo, es que entonces ya no eres educadora. Ya eres, pues, seguridad o no sé. Pero al final ellos buscan eso, ¿no? El educador. Entonces creo que son capacidades que además también vas un poco desarrollando a lo largo del trabajo.
Sí, el saber vincular. O sea, hay que saber y querer vincular con los niños porque al final tú puedes educar desde el vínculo. Si tú no eres nadie para ello, si no hay vínculo, es muy difícil que tú puedas educar realmente. Puedes eso, vigilar, marcar, poner normas, pero no educar, ¿no?
Y luego yo creo que es muy importante también lo que decía Lidia de no normalizar, de mantener esa sensibilidad, pero al mismo tiempo yo creo que es un equilibrio difícil y que te tienes que trabajar mucho a nivel personal que no te desborden las situaciones, porque si te desbordan tampoco puedes ayudar. O sea, si te implicas de una manera...
La palabra no es implicar. Si te afecta de tal manera que tú estás desbordada, que tampoco puedes ayudar. Entonces, ese equilibrio entre cuidarte tú, que eso no te desborde y al mismo tiempo seguir siendo sensible, cercana y...
Y está presente. Y vincular y presente ese equilibrio. Esto es como... Es delicado, pero es importante. No puedes ser enfermera, ¿no? Si ves sangre y te desmayas. Pues esto es un poco lo mismo, ¿no? Lo que estás diciendo. No puedes ser educadora si de repente pasa una situación de estrés o de tensión o te da... Pues eso, tienes mucha pena por algo porque si no, no puedes intervenir. Entonces hay que buscar...
ese equilibrio. Y ya para acabar, la pregunta del millón, ¿se puede vivir de ser educadora social aquí en España? Sí. Por desgracia, quiero decir, por desgracia, en nuestro caso, que creo que no tendría que hacer falta tantas residencias, tantas viviendas, porque los niños estuvieran en familias, que es donde tienen que estar, que también haría falta educadores sociales para acompañar a esas familias y para...
Seguir a los niños en el proceso, ¿no? Pero, por desgracia, hay mucho trabajo. Y hay muchos más campos también, porque todo el campo del tema social hay mucha necesidad. Nosotras estamos hablando de menores, pero bueno, que también con mujeres, bueno, todos los trabajos en los que has estado...
Sí que se puede vivir de esto, lo que no se puede es vivir conforme se está planteando el sistema en sí, la sociedad. Pero bueno, yo creo que es una carrera que puedes, además puedes vivir y al mismo tiempo vivir de ella porque te nutre mucho, te nutre mucho como persona y es muy viva, es muy viva.
Te hace crecer. Te obliga a crecer. Muchísimas gracias, Chelo, Lidia, por haber estado este ratito aquí en ¿Qué quieres ser de mayor? Para contarnos todos los entresijos del oficio, de la profesión de la educadora social. Muchas gracias. Muchas gracias por invitarnos a ti.
Oye Nell, ¿cómo llegué hasta aquí? ¿Alguna vez te han dicho que los videojuegos no sirven para nada? La historia de David López demuestra que sí pueden servir.
Yo soy David y llevo trabajando de programador unos dos años y medio, más o menos, más otro par de años de estudiar un grado superior. El paso del campo de la biología, que era lo que siempre le había llamado la atención al sector de la programación. Y aunque no fue mi primera opción, ya que desde pequeño quería estudiar algo más relacionado con la biología o la naturaleza en general...
Después de empezar a estudiar ciencias ambientales, se dio cuenta de que no era lo que realmente pensaba que era y decidió dar un giro a sus estudios y darle una oportunidad a la programación. Como siempre he tenido curiosidad por este mundillo, desde que empecé a jugar videojuegos e a interesarme por lo que había detrás de ellos, dije, ¿por qué no intentar algo del estilo?
Y aunque sea un trabajo en el que hay que reciclarse una y otra vez para adaptarse a las novedades tecnológicas, ha resultado ser un buen puesto de trabajo para David. Y eso que no tenía nada que ver con lo que quería estudiar cuando era pequeño. Y hasta aquí llega el programa de hoy. Espero que os haya resultado interesante escuchar todas estas experiencias. ¿Y tú? ¿Ya sabes que quieres ser de mayor?
Si todavía no lo tienes claro, ¿a qué esperas a seguirme en redes sociales? Allí encontrarás todas las novedades de los episodios y sabrás con antelación quién visitará el estudio cada semana. Puedes encontrar la cuenta del programa en Spotify, Instagram, en iVoox y ahora también en TikTok. Nos vemos el viernes que viene en un nuevo episodio de ¿Qué quieres ser de mayor?
Hasta pronto.