El error de esperar: ¿Por qué invertir pese a la incertidumbre?
La falacia de esperar por un mercado despejado
Uno de los errores más comunes señalados por Kenneth Fisher en su libro The Little Book of Market Meets es el hábito de permanecer fuera del mercado bursátil esperando a que las condiciones geopolíticas, económicas o sociales sean ideales y libres de riesgos.
El problema de buscar la tranquilidad absoluta
Esta estrategia, aunque parece prudente desde un punto de vista conservador, presenta dos inconvenientes fundamentales según la perspectiva del autor:
- La inexistencia de periodos sin amenazas: Nunca existirá un momento histórico totalmente libre de incertidumbres, crisis o miedos. Si un inversor espera al momento «perfecto», terminará por no invertir nunca.
- El alto coste de oportunidad: Permanecer en liquidez ante el miedo significa renunciar a la revalorización histórica de las acciones a largo plazo. Incluso perderse los primeros meses de un mercado alcista puede impactar drásticamente en la rentabilidad total.
Perspectiva histórica: Crisis vs. Valoración
Para demostrar que el mercado puede subir a pesar de escenarios críticos, Fisher aporta ejemplos históricos donde la Bolsa estadounidense (S&P 500) mostró rendimientos positivos durante años turbulentos:
- 1934: Pese a la consolidación del régimen nazi y el intervencionismo estatal de Roosevelt, el mercado subió un 2,5%.
- 1963: Tras el asesinato de J.F. Kennedy, la bolsa se revalorizó un 15%.
- 2009: En medio de la gran recesión post-crisis financiera, el mercado creció un 30,8%.
- 2020: Incluso en pleno impacto por la pandemia del COVID-19, el mercado cerró con un alza del 16,5%.
"Nunca hay un año tranquilo. Pero eso no debería ser un argumento para quedarnos permanentemente fuera de invertir en bolsa."
Conclusión: El mercado a largo plazo
La lección principal es evitar la sobrerreacción ante los titulares negativos. Si bien los eventos actuales causan miedo, lo que importa es la capacidad del sistema empresarial para generar beneficios a largo plazo. En última instancia, la mayoría de estas crisis representan ruido frente a la capacidad de las empresas para seguir creando valor para sus accionistas.