Inflación y desigualdad: la trampa del ahorrador
La inflación como mecanismo de desigualdad
La inflación representa uno de los desafíos económicos más críticos, al generar una pérdida directa de valor del dinero. Sin embargo, su impacto no es equitativo: actúa como un fenómeno que empobrece desproporcionadamente a los más pobres, debido a que este grupo suele concentrar su patrimonio exclusivamente en dinero líquido o instrumentos bancarios.
El modelo de Fernando Cirelli
El economista Fernando Cirelli ha desarrollado un modelo para explicar esta disparidad, basándose en dos factores clave:
- Ahorradores no sofisticados: Familias que dependen exclusivamente de la banca (cuentas corrientes o depósitos a plazo) y desconocen o no acceden a otras alternativas de inversión como instrumentos de deuda pública.
- Falta de competencia bancaria: El sector financiero opera como un oligopolio protegido, donde la falta de competencia real permite a los bancos mantener tipos de interés sobre el pasivo (ahorro) artificialmente bajos, incluso cuando los tipos de mercado (como los de la deuda pública) suben para combatir la inflación.
¿Por qué los más pobres son los más afectados?
Existe una desconexión entre la política monetaria y el ahorrador promedio:
"Cuando hay inflación, lo habitual es que los bancos centrales incrementen los tipos de interés como forma para contrarrestar esa inflación. Esa subida... permite compensar parte del daño que genera la inflación."
Sin embargo, quienes mantienen sus ahorros en la banca no se benefician de estas subidas, ya que los bancos no trasladan esos incrementos a los depósitos. Mientras que los inversores más sofisticados (ricos) pueden mover sus capitales hacia deuda pública para cubrirse de la inflación, los pequeños ahorradores quedan atrapados en rentabilidades negativas. Esto provoca una descapitalización constante que, ante imprevistos, obliga a estas familias a endeudarse con la banca, perpetuando un círculo vicioso de pobreza financiera.