La hipocresía del lema feminista: Hermana, yo sí te creo
Análisis del eslogan «Hermana, yo sí te creo»
El discurso del feminismo colectivista ha utilizado el eslogan «Hermana, yo sí te creo» como un estandarte de lucha política. Sin embargo, este planteamiento resulta profundamente problemático al entrar en conflicto directo con los valores fundamentales del Estado de derecho.
Conflictos con los principios penales
El procedimiento penal moderno es garantista y se apoya en pilares básicos que este eslogan socava:
- Presunción de inocencia: Es un derecho fundamental que exige destruir la inocencia mediante pruebas sólidas, no mediante la palabra unilateral de la parte acusadora.
- Igualdad ante la ley: El eslogan sugiere que, por el simple hecho de ser mujer, la versión de la acusadora debe prevalecer sobre la del acusado, invirtiendo la carga de la prueba.
- Duda razonable: Las condenas deben basarse en evidencia suficiente; sin ella, prevalece la inocencia del acusado.
La doble vara de medir y la instrumentalización política
El texto señala cómo la defensa de este lema es a menudo hipócrita y oportunista. La prueba más clara reside en el caso reciente de Fabiola Yáñez contra Alberto Fernández, donde sectores que históricamente defendieron el «yo sí te creo» ahora cuestionan la veracidad de la acusación. Al respecto, el análisis destaca:
«Si el hecho de creerte hermana daña a la izquierda o al feminismo colectivista, entonces, hermana, no te creo».
Esto revela que el lema no es un principio de justicia universal, sino un recurso retórico y político utilizado para la conquista del poder. Cuando el discurso pierde su utilidad funcional para el grupo, es descartado, dejando al descubierto una ideología interesada antes que una defensa sincera de la integridad de la mujer.