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En esta segunda sesión del curso de Antimarx para la Universidad de Las Hesperides vamos
a hablar sobre el materialismo histórico, sobre la teoría de la historia de Marx. Si
el materialismo dialéctico o la dialéctica materialista era el enfoque filosófico de
Marx, tal como explicamos en la sesión anterior, a su teoría de la historia la llamaremos,
como acabamos de señalar, materialismo histórico. Y para entender cuál es el contenido del materialismo
histórico debemos comenzar por desarrollar un concepto que también expusimos en el vídeo
anterior, el concepto de modo de producción. El modo de producción, al que Marx también
denomina base real o estructura económica, es el conjunto de relaciones de producción,
según vienen determinadas por la estructura de derechos de propiedad de una sociedad,
es el conjunto de relaciones de producción que establecen los seres humanos entre sí para
producir los valores de uso, los bienes que necesitan para reproducir su propia existencia.
El modo de producción, por tanto, es la forma en la que se organizan en un determinado momento
histórico los seres humanos dentro de una sociedad, dentro de un sistema económico, para producir
aquello que necesitan para satisfacer sus necesidades. Y la cuestión es, ¿de qué depende en cada
momento histórico el contenido de ese modo de producción? ¿De qué depende que los seres humanos se
organizan de unas maneras o de otras? ¿Por qué en determinados momentos de la historia la producción
de bienes económicos se ha llevado a cabo a través de la esclavitud, a través del trabajo esclavo? ¿Y
por qué en otros momentos de la historia se ha llevado a cabo a través del trabajo asalariado o en
otros momentos del trabajo comunal? ¿Por qué ha habido sociedades históricas que han organizado
socialmente su trabajo de una determinada manera, según cuál fuera la estructura de derechos de propiedad
en esa sociedad? Y, en cambio, ha habido otras sociedades históricas que lo han organizado de otra
manera, según otra estructura distinta de los derechos de propiedad. Una posibilidad de corte idealista
sería afirmar que el modo de producción, la estructura económica, la forma en la que organizamos
socialmente el trabajo como sociedad, depende de la ideología predominante en esa sociedad.
Depende del desarrollo moral, cultural, religioso, jurídico o político de cada sociedad. En tal caso
serían las ideas, la conciencia de los hombres, la que daría lugar, la que explicaría, la que
determinaría la estructura económica de una sociedad. Pero recordemos que Marx no era idealista, sino
materialista. Y por ello Marx sostenía que la organización económica, que la estructura económica,
la base real, el modo de producción de una sociedad, no dependía de las ideas predominantes dentro de esa
sociedad, sino del grado de desarrollo de las fuerzas materiales de producción. O expresado en otros
términos, el modo en el que se organiza económicamente una sociedad depende del grado de desarrollo de la
productividad del trabajo dentro de esa sociedad. De cuánto haya avanzado la productividad social,
la capacidad de producción social de los trabajadores. Tal como señala Marx en el volumen tercero del
Capital, la base real, el modo de producción, la estructura económica, siempre se corresponde de manera
natural con un determinado grado de desarrollo del trabajo, esto es, de su productividad social.
Ahora bien, si estamos diciendo que el grado de desarrollo de las fuerzas productivas, que el grado de desarrollo
de la productividad social del trabajo, determina la forma en la que organizamos la producción en esa
sociedad, determina la estructura de derechos de propiedad y, en consecuencia, las relaciones de
producción que establecen los hombres entre sí, ¿qué papel desempeñan en todo esto las ideas? Porque las
ideas, la cultura, la religión, la moral, la política, el derecho, sin duda existen y, de alguna manera,
están influyendo sobre el modo económico en el que las personas interactúan entre sí. Pues bien,
al conjunto de ideas predominantes dentro de una sociedad, Marx lo denominará superestructura. Y,
desde su punto de vista, esa superestructura estará determinada fundamentalmente por la
estructura económica, por el modo de producción. Es decir, que un determinado modo de producción engendra
aquel conjunto de ideas, de ideas religiosas, de ideas morales, de ideas jurídicas, de ideas políticas,
engendra aquella cultura, aquella ideología que contribuye a apuntalar, a justificar, a legitimar
ese modo de producción histórico, el tipo de relaciones productivas que entablan, en ese momento
histórico, los hombres entre sí. No son, por tanto, las ideas predominantes en una sociedad que no se
sabe muy bien de dónde han aparecido las que determinan el modo de organización económica de
esa sociedad, sino que es el modo de organización económica de esa sociedad determinado, en última
instancia, por el grado de desarrollo histórico de las fuerzas productivas, por la productividad del
trabajo, es ese modo de organización económica de los hombres el que determina las ideas predominantes
dentro de esa sociedad. Tal como señalan Marx y Engels en la ideología alemana, las ideas dominantes
no son otra cosa que la expresión ideal de las relaciones materiales dominantes, las mismas relaciones
materiales dominantes concebidas como ideas. Pero, desde luego, el lugar donde podemos encontrar
más resumidas y mejor expresadas todas estas ideas es en el famoso prólogo del libro de Marx
Contribución a la crítica de la economía política. Escribe Marx en este prólogo
En la producción social de su vida, los hombres establecen determinadas relaciones necesarias e
independientes de su voluntad. Es decir, que la estructura económica de una sociedad es independiente
de la abolición, de la voluntad, del pensamiento, de las ideas predominantes en esa sociedad. Los
hombres establecen determinadas relaciones necesarias e independientes de su voluntad,
relaciones de producción que se corresponden a una fase determinada de desarrollo de sus fuerzas
productivas materiales. Es decir, que las relaciones de producción que establecen los hombres entre sí
dependen del grado de desarrollo de las fuerzas de producción, es decir, del grado de desarrollo del
trabajo social, es decir, de la productividad de los trabajadores. El conjunto de esas relaciones
de producción constituye la estructura económica de la sociedad, la base real, el modo de producción,
sobre la que se levanta la superestructura jurídica y política y a la que le corresponden
determinadas formas de conciencia social. Es decir, que a un determinado modo de producción,
a una determinada estructura económica, le corresponde, como ya hemos señalado, una
determinada conciencia social, una determinada ideología, una determinada estructura intelectual
que contribuye a reforzar, a apuntalar esa estructura económica, esa estructura de derechos
de propiedad, que es contingente a lo largo de la historia. El modo de producción de la
vida material condiciona el proceso general de la vida social, política e intelectual.
No es la conciencia del hombre la que determina su ser, sino, por el contrario, el ser social
es lo que determina su conciencia. La materia determina la conciencia. La materia determina
la idea. En esta teoría de la organización económica apreciamos claramente el enfoque
materialista de Marx en el hecho de que, como hemos señalado, no son las ideas predominantes
en una sociedad las que determinan el modo de organización económico de esa sociedad,
sino el grado de desarrollo material de esa sociedad. Sin embargo, ¿dónde apreciamos el
enfoque dialéctico? Pues de entrada en la interrelación contradictoria de estos tres
elementos. Estructura económica, superestructura intelectual y productividad social, grado de
desarrollo de las fuerzas productivas. Estos tres elementos no se hallan en armonía entre
sí. No son elementos definitivos, acabados, que coexistan sin ningún tipo de tensión entre
ellos. Al contrario, son elementos que se van codeterminando a través de sus contradicciones.
Por un lado, y como decíamos, el modo de producción, la forma en la que los hombres organizan sus
relaciones de producción en un determinado momento histórico, está determinado por el
grado de desarrollo de las fuerzas productivas, por el grado de desarrollo de la productividad
social. Eso significa que la organización económica es, en última instancia, instrumental a la
productividad social. La estructura económica que se establece dentro de una sociedad humana
es aquella que, en cada momento histórico, permite aprovechar al máximo, permite maximizar
el aprovechamiento de la productividad social de ese grupo humano. A un determinado grado de
desarrollo tecnológico a lo largo de la historia le corresponde un determinado modo de producción
histórico. Por ejemplo, como señala Marx en su libro La miseria de la filosofía, las relaciones
sociales, el modo de producción, están íntimamente vinculadas a las fuerzas productivas. Al adquirir
nuevas fuerzas productivas, al aumentar la productividad social, al desarrollarse la tecnología
que dentro de una sociedad incrementa la productividad social, los hombres cambian de modo de producción
y al cambiar de modo de producción, al cambiar la forma en la que se ganan la vida, cambian
todas sus relaciones sociales. El molino movido a brazo nos da la sociedad del señor feudal,
el molino de vapor la sociedad del capitalista industrial. Es decir, que históricamente la mejor
estructura de derechos de propiedad, la mejor estructura económica para aprovechar al máximo
la tecnología, la productividad social del trabajo propia del molino movido a brazo, era
la sociedad feudal. Y sin embargo, el modo de organización social que maximiza el aprovechamiento
de la tecnología molino de vapor es la sociedad capitalista. Por tanto, el modo de producción,
como decía, es instrumental al aprovechamiento, a la maximización del aprovechamiento del grado
de desarrollo de las fuerzas productivas, de la productividad social, que es tecnológicamente
posible en un determinado momento histórico. Pero claro, esto también significa que si la
tecnología aumenta, mejora, si la productividad social se sigue desarrollando y el modo de producción
vigente, establecido en ese determinado momento histórico, ya no es aquel que maximiza el
aprovechamiento de esa productividad social, si nos hallamos dentro de la sociedad feudal y
aparece en la sociedad feudal el molino a vapor y la sociedad feudal no es capaz, con su estructura
económica, de maximizar el aprovechamiento económico que se puede hacer del molino a vapor,
entonces esa tensión dialéctica entre la productividad social y el modo de producción se
resolverá con una sustitución, con un reemplazo del modo de producción histórico. La sociedad feudal
tendrá que dar paso a otro modo de producción, el capitalismo, que permita un mayor aprovechamiento
de la nueva tecnología, que habilita un mayor grado de desarrollo de las fuerzas productivas,
una mayor productividad social. Así como escribe Marx en Trabajo asalariado y capital,
estas relaciones que establecen los productores entre sí, las condiciones en que intercambian sus
actividades y participan en el proceso de producción conjunto, variarán obviamente según el carácter de
los medios de producción. Con la invención de un nuevo instrumento de guerra, como el arma de fuego,
hubo de cambiar necesariamente toda la organización interna de los ejércitos. Cambiaron las relaciones
mediante las que los individuos podían conformar un ejército y actuar como un ejército, y también
cambiaron las relaciones entre los ejércitos. Por consiguiente, las relaciones sociales dentro de las
que los individuos producen, las relaciones sociales de producción, cambian, se transforman,
cuando cambian y se desarrollan los medios materiales de producción, las fuerzas productivas.
O de nuevo, tal como señala en el famoso prólogo de su contribución a la crítica de la economía
política, al llegar a una fase determinada de desarrollo, las fuerzas productivas materiales
de la sociedad entran en contradicción con las relaciones de producción existentes, o, por expresarlo
en términos jurídicos, con las relaciones de propiedad que habían estado vigentes hasta el
momento. De haber sido formas que contribuían al desarrollo de las fuerzas productivas, estas
relaciones de propiedad o de producción pasan a ser sus grilletes, y se abre así una época de
revolución social. Por tanto, el grado de desarrollo histórico de las fuerzas productivas y el modo de
producción histórico vigente en una sociedad están en continua tensión, interrelación, contradicción
dialéctica. La productividad social del trabajo se va desarrollando históricamente dentro de un modo
de producción, pero llega un momento en el que ese modo de producción histórico ya no permite
desarrollos adicionales de la tecnología, de la productividad social del trabajo. Y en ese momento,
cuando las relaciones de propiedad estrangulan, oprimen, anulan la capacidad histórica del trabajo
para seguir desarrollándose, el modo de producción histórico entra en crisis. Porque para que el
trabajo, la productividad, pueda seguir desarrollándose, es necesario superar históricamente ese modo de
producción, esas relaciones históricas de propiedad. Y aquí hallamos la segunda contradicción
dialéctica entre los tres elementos anteriores, entre el modo de producción histórico, entre la
estructura económica y la superestructura cultural, intelectual, política, científica o jurídica. Si en
principio esa superestructura debía reforzar, legitimar, justificar, afianzar las relaciones
sociales de producción que definían el modo de producción histórico, cuando el modo de producción
histórico entra en crisis, también se produce una crisis intelectual. También aparecen nuevas ideas
que comienzan a deslegitimar, que comienzan a aportar nuevas perspectivas en contra del modo de
producción histórico vigente en esa sociedad y que ha de ser históricamente superado para permitir,
para posibilitar que la productividad social del trabajo se siga desarrollando. En este sentido,
en la miseria de la filosofía, Marx proseguía del siguiente modo. El molino movido a brazo nos da la
sociedad del señor feudal, el molino de vapor la sociedad del capitalista industrial. Los mismos
hombres que establecen sus relaciones sociales de acuerdo con su productividad material también
producen los principios, las ideas y las categorías que se ajustan a esas relaciones sociales. Por tanto,
estas ideas, estas categorías, son tan poco eternas como las relaciones que expresan. Son productos
históricos y transitorios. Cuando empieza a perecer el modo de producción histórico, las ideas que lo
legitimaban también entran en crisis. Y esta misma idea la encontramos reflejada en su prólogo de la
contribución a la crítica de la economía política. De haber sido relaciones que contribuían al desarrollo
de las fuerzas productivas, estas relaciones, de propiedad o de producción, pasan a ser sus
grilletes y se abre así una época de revolución social. Al cambiar la base económica, la estructura
económica se transforma más o menos rápidamente toda la inmensa superestructura erigida sobre ella.
Ilustremos todo esto con el caso histórico de la esclavitud. Para Marx, desde una perspectiva
moderna, podemos denunciar, podemos criticar, podemos condenar moralmente la esclavitud. Pero lo cierto es
que, según Marx, la esclavitud es un modo de estructurar las relaciones de producción,
que fue necesaria y positiva en un determinado momento histórico, con un determinado grado de
desarrollo de la productividad social, para permitir que esa productividad social siguiera desarrollándose.
Por ejemplo, de nuevo en el libro La miseria de la filosofía, Marx escribe lo siguiente.
Sin esclavitud no habría algodón. Sin algodón no habría industria moderna. La esclavitud ha dado su
valor a las colonias. Las colonias han creado el comercio universal. El comercio universal es la
condición de la gran industria. Por tanto, la esclavitud es una categoría económica de elevada
importancia. Para Marx, la esclavitud fue históricamente necesaria para desarrollar las
fuerzas productivas. Y la esclavitud sólo pudo llegar históricamente a su fin, no a raíz de la
prédica moral en contra de la esclavitud, sino gracias al desarrollo tecnológico de la sociedad,
gracias al incremento de la productividad social, que volvió obsoleta, innecesaria o incluso
contraproducente la esclavitud. Tal como expresan Marx y Engels en la ideología alemana,
la esclavitud no puede ser abolida sin la máquina de vapor y sin la mula de hilar. La servidumbre no puede
ser abolida sin mejoras en la agricultura. La liberación es un acto histórico, no un acto
mental, y es alcanzado gracias a las condiciones históricas, es decir, al nivel de la industria,
del comercio, de la agricultura, de las interrelaciones productivas y, por tanto,
según los distintos estadios de desarrollo. Cuando hoy decimos que la esclavitud es mala,
es inmoral, en realidad, de acuerdo con Marx, estamos echando mano de la superestructura
ideológica de nuestros tiempos, es decir, de la superestructura ideológica del capitalismo,
donde la esclavitud es innecesaria o contraproducente y, por eso, como forma de reforzar,
de legitimar, de justificar el modo de producción capitalista, condenamos moralmente la esclavitud.
Sin embargo, en la Roma Antigua o en el Estados Unidos esclavista, la esclavitud era históricamente
necesaria para la producción social y, por tanto, la superestructura ideológica del momento no
condenaba a la esclavitud, sino que la legitimaba. Tal como expresa Marx en el volumen tercero del
Capital, el contenido de las relaciones sociales de producción es justo en la medida en que se
ajuste y se adecue al modo de producción. Es injusto en la medida en que lo contradiga.
La esclavitud es injusta desde la perspectiva del modo de producción capitalista, como lo es mentir
acerca de la calidad de las mercancías. Así pues, sólo cuando la esclavitud se convierte en
innecesaria o en contraproducente desde un punto de vista histórico para seguir desarrollando las
fuerzas productivas, la productividad social del trabajo, sólo en ese momento el régimen de
producción esclavista, las relaciones sociales de producción basadas en el esclavismo, se vienen abajo.
Y sólo en ese momento, cuando ya no hay que legitimar, justificar históricamente las
relaciones sociales de producción basadas en el esclavismo, emerge y se convierte en
predominante la ideología, la moralidad anti-esclavista. Pero claro, si estamos diciendo
que el grado de desarrollo histórico de la productividad social del trabajo está en permanente
contradicción dialéctica con la estructura económica de una sociedad y, a su vez, la estructura
económica de una sociedad está en permanente tensión dialéctica con la superestructura y
que cuando la estructura económica se vuelve un corsé, se convierte en grilletes que impiden
el desarrollo histórico adicional de las fuerzas productivas, de la productividad del trabajo,
ese modo de producción cambia y la superestructura que se asienta sobre él también cambia,
entonces no sólo estamos esbozando una dinámica ahistórica entre estos tres elementos, entre
productividad social, estructura económica y superestructura, sino que, en el fondo, estamos
elaborando, estamos conjeturando una teoría del progreso histórico, del desarrollo histórico
de las sociedades humanas. La sucesión histórica de distintas formas de organizar el trabajo humano
en sociedad se explica en la adecuación o falta de adecuación de esas relaciones sociales de
producción, de esa estructura de propiedad, para seguir desarrollando la productividad social del
trabajo. Y cuando la estructura de derechos de propiedad, cuando la estructura de relaciones
de producción vigente bloquea el desarrollo histórico de la productividad social, entonces
acaece históricamente una revolución que altera la base económica de esa sociedad, que altera la
estructura de derechos de propiedad de esa sociedad. Y al hacerlo, por supuesto, también modifica toda la
superestructura ideológica que descansaba sobre ella. Pues bien, esta teoría de la historia es lo que
se conoce como materialismo histórico o concepción materialista de la historia. Lo resume Engels en su
obra del socialismo utópico al socialismo científico. La concepción materialista de la historia parte de
la tesis de que la producción de los medios para sostener la vida humana, y junto con la producción,
el intercambio de las cosas producidas, constituye la base de todo orden social. De que, en cualquier
sociedad que haya surgido a lo largo de la historia, la distribución de la riqueza y la división de la
sociedad en clases o estamentos, depende de lo que se produce, de cómo se produce y de cómo
intercambian los productores. Desde este punto de vista, las causas últimas de todos los cambios
sociales y de las revoluciones políticas no deben buscarse ni en las cabezas de los hombres ni en su
mejor conocimiento sobre la verdad eterna o sobre la justicia, sino en las transformaciones de los
modos de producción y de intercambio. No deben ser buscados en la filosofía, sino en la economía de
cada era en particular. Cuando nacen los hombres la conciencia de que las instituciones sociales
vigentes son irracionales e injustas, de que la razón se ha tornado en sin razón, el bien en mal,
esto no es más que un indicio de que han tenido lugar cambios silenciosos en los modos de producción
y de intercambio, de tal manera que estos ya no concuerdan con el orden social vigente, adaptado
a las condiciones económicas anteriores. En este sentido, aunque es verdad que esta no es una parte
especialmente sistematizada y estructurada de su pensamiento y de su investigación, Marx distingue
entre diversos modos de producción a lo largo de la historia. La historia de la humanidad arrancó con
el modo de producción tribal o comunismo primitivo, en el que los escasos medios de producción eran
propiedad comunal, propiedad del conjunto de la tribu, y en el que, en consecuencia, no existía
separación de clases sociales en función de los distintos derechos de propiedad. Todos eran
copropietarios comunales de los medios de producción. En el comunismo primitivo se producía
conjuntamente y se distribuía equitativamente entre todos los individuos, de hecho ni siquiera
existía la concepción de individuo, que conformaban la tribu. Pero conforme históricamente las distintas
tribus van especializando su trabajo en tribus pastoriles o en tribus agrícolas, y conforme gracias
a esa división social del trabajo entre tribus se produce un incremento de la productividad social,
entonces la estructura de propiedad del comunismo primitivo deja de ser instrumental, deja de ser
adecuada para seguir desarrollando las fuerzas productivas. El modo de producción comunismo
primitivo va dando progresivamente paso al modo de producción esclavista, dado que la productividad
social se ha incrementado lo suficiente como para que cada persona sea capaz de producir un excedente
productivo, es decir, cada persona sea capaz de producir más de lo que esa persona necesita para
sobrevivir. Una forma de maximizar la producción es esclavizar a una parte de la sociedad para que
trabaje más horas de las que querría trabajar si simplemente quisiera sobrevivir. Y de esa manera aparece
una primera división en forma de clases sociales, hombres libres y esclavos. Y luego, a su vez, podía haber
otras clases sociales dentro de los hombres libres, como patricios y plebeyos. Pero lo que definía el
modo de producción esclavista, obviamente, es la división entre hombres libres y esclavos. En este modo
de producción sólo los esclavos producen y los dueños de los esclavos son los que se apropian de la
totalidad de la producción y son los que determinan cómo se distribuye esa producción. Sin embargo, el modo
de producción esclavista entra en crisis históricamente porque los esclavos carecen de incentivos
a aumentar su productividad y porque, a su vez, los costes de supervisión, de vigilancia, de control
de ejércitos crecientes de esclavos sometidos a una minoría de hombres libres, esos costes de
vigilancia también son crecientes. De tal manera que el modo de producción feudal termina dando paso
a un nuevo modo de producción clasista pero con otra estructura de derechos de propiedad, que es el modo
de producción feudal. En el modo de producción feudal encontramos diversas clases sociales en función
de los derechos de propiedad que poseen. En el campo encontramos la división entre señores feudales y
siervos y en la ciudad entre, por un lado, usureros, mercaderes o maestros artesanos y, por otro, aprendices
y jornaleros. La ventaja histórica del modo de producción feudal es que los siervos tienen cierto
derecho de propiedad sobre la tierra y retienen una parte significativa de lo que producen, lo cual
les puede inducir a introducir mejoras continuadas en la tierra para incrementar la producción de la
que disponen. Y, a su vez, ese excedente productivo que se gesta en el campo alimenta la emergencia de
las ciudades, la industrialización temprana artesanal de las ciudades a través de los gremios
y la emergencia de un protocapital mercantil y financiero entre una nueva clase, la de los
mercaderes, y otra clase, la de los usureros, que están dispuestos a intermediar entre el campo y la
ciudad a financiar a los productores del campo y de la ciudad. Pero, de nuevo, el modo de producción
feudal entra en crisis porque no es un modo de producción apto para impulsar grandes inversiones.
En el campo, los siervos ni tienen la capacidad ni tienen la voluntad de acometer enormes inversiones
en sus minifundios. Y en la ciudad, los gremios se coordinan entre sí para regular los términos de
la competencia, de tal manera que ninguno invierta más que los demás, de tal manera que ninguno incremente
su productividad más que los demás, de tal manera que ninguno mejore la calidad de su producto más que
los demás, de tal manera que ninguno abarate el precio de su mercancía más que los demás. Y por eso,
dentro del feudalismo, emerge la revolución burguesa dirigida a enterrar el modo de producción feudal,
privatizando la tierra, convirtiendo la tierra en una mercancía, y eliminando los gremios para
permitir la producción mercantil a gran escala. Así, el feudalismo da paso al capitalismo,
un modo de producción donde las clases sociales, en última instancia, se dividen en dos, los
capitalistas o burgueses y los trabajadores asalariados o proletarios. Los primeros son
una minoría que concentra todos los medios de producción y los segundos son una mayoría
de productores desposeídos que, como consecuencia, sólo pueden participar, aparentemente, de manera
voluntaria, en la producción social, vendiéndoles a los capitalistas su fuerza de trabajo, es decir,
participando como obreros, como trabajadores asalariados. El capitalismo, por su dinámica
dialéctica interna, potencia una enorme acumulación de medios de producción, potencia un desarrollo
tecnológico y un desarrollo de la productividad social del trabajo como jamás ha acaecido antes
en la historia. Y todo esto, cuidado, es algo que el propio Marx reconoce. Pero de la misma manera que
los otros modos de producción históricos, el comunismo primitivo, el esclavismo o el feudalismo,
llegaron a su fin, una vez las relaciones sociales de producción, una vez la estructura
de derechos de propiedad era incapaz de desarrollar adicionalmente las fuerzas productivas, la productividad
social, Marx también considera que el capitalismo terminará llegando a su fin. Cuando la estructura
de propiedad del capitalismo sea incapaz de seguir incrementando la productividad social del trabajo,
entonces es que habrá llegado la hora de reemplazar el capitalismo por un modo de producción superior
históricamente, el socialismo o comunismo. La crítica que le hace Marx al capitalismo, por tanto,
no es una crítica idealista al capitalismo. No es una crítica contra la moralidad, contra el derecho o
contra la política dominantes en el capitalismo, es una crítica materialista y dialéctica. El capitalismo
durante una cierta época histórica contribuirá a desarrollar las fuerzas productivas, la productividad
social del trabajo, pero las contradicciones inherentes en su seno llevarán a que llegue también un momento
histórico en el que sea incapaz de desarrollar adicionalmente las fuerzas productivas. Y en ese
momento el capitalismo tenderá a ser reemplazado por el socialismo. Y es aquí precisamente donde encaja
la obra de Marx. La obra de Marx es esencialmente una investigación de las dinámicas del sistema
económico-capitalista. No sólo eso, es una crítica a la ciencia económica predominante en su tiempo.
La ciencia económica predominante en su tiempo, las ideas de Adam Smith, de David Ricardo y de otros
economistas a los que Marx denominaba vulgares, era una ciencia económica que formaba parte de la
superestructura ideológica intelectual del capitalismo. Es decir, era una ciencia económica
que racionalizaba, que legitimaba, que justificaba, que enmascaraba las relaciones sociales de producción
existentes en el capitalismo. El modo de producción capitalista generaba, ya lo hemos visto, una
superestructura ideológica intelectual que lo justificaba. Y parte central, crucial de esa
superestructura es la ciencia económica burguesa, la economía política de su tiempo. Y claro, precisamente
porque Marx piensa que el capitalismo ya está entrando en su fase terminal, que el capitalismo ya no es
susceptible, a finales del siglo XIX, de seguir desarrollando adicionalmente las fuerzas productivas
y de que, por tanto, ya está entrando en crisis su estructura de derechos de propiedad para ser
reemplazado por el socialismo, precisamente porque Marx cree esto, también cree que la superestructura
intelectual que hasta ese momento estaba legitimando, reforzando, apuntalando el capitalismo, también está
entrando en crisis. Y él mismo, su aparición histórica en escena, es una muestra de que el capitalismo está
entrando en crisis y que es necesario reconceptualizarlo y desenmascararlo para que la clase
trabajadora, la clase obrera, adquiera conciencia de clase para sí, para que se convierta en sujeto
revolucionario histórico y ejecute la que es su misión histórica, enterrar el modo de producción
capitalista y reemplazarlo por el socialismo. Esa es, por tanto, la tarea que acomete Marx,
sobre todo a través de la que es su gran obra, el capital, crítica de la economía política. Lo que
intenta hacer Marx en esta enorme obra es desentrañar la realidad del capitalismo detrás de
la máscara ideológica que ha sido construida por la economía política de su época, por la ciencia
económica de su época. Pretende desfetichizar la economía política de su época y también el
capitalismo, mostrando que las categorías económicas que ha construido esa ciencia económica
burguesa para el capitalismo son, en realidad, relaciones sociales cosificadas que encubren
relaciones de sometimiento y de dominación. Pretende, a su vez, desarmonizar la economía
política y el capitalismo, mostrando que esas relaciones sociales de producción basadas
en la dominación y en la subordinación generan contradicciones inmanentes al propio modo de
producción capitalista y pretende desnaturalizar la economía política burguesa y el capitalismo,
mostrando que el destino inexorable de esas contradicciones inmanentes al capitalismo,
a las relaciones sociales de producción capitalistas, necesariamente conduce al colapso
del capitalismo y a su sustitución histórica por el socialismo. Por tanto, el capitalismo ni es
eterno ni es connatural a la especie humana. Todo esto es lo que pretende lograr Marx con su análisis
del modo de producción capitalista, con el capital y, en general, con el resto de su obra,
pero sobre todo con el capital. Pues bien, en los próximos vídeos, dentro de este curso sobre
anti-Marx para la Universidad de las Espérides, expondremos el modo, la forma en la que Marx
conceptualiza, entiende, describe el modo de producción capitalista. En un primer momento nos
limitaremos a narrar cuáles son las exposiciones que efectúa Marx sobre el funcionamiento del capitalismo
y más adelante en este curso criticaremos los muchos errores que cometió al respecto.