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El precio del trigo se dispara hasta sus máximos históricos después de la invasión de Ucrania
por parte de Rusia. ¿Nos estamos dirigiendo hacia una crisis alimentaria global? Veámoslo.
La producción conjunta de trigo de Rusia y Ucrania supera los 100 millones de toneladas
al año, alrededor de 75 millones de toneladas para Rusia y alrededor de 27-28 millones de
toneladas para Ucrania. La producción mundial de trigo son 765 millones de toneladas. Por
consiguiente, estos dos países producen el 13,5% de la producción global de trigo. Aunque
se trata de un porcentaje relevante, no parece que sea un porcentaje suficiente como para
generar una disrupción mundial del mercado de trigo en caso de que Rusia y Ucrania reduzcan
significativamente su producción. Pero es que el dato importante no es cuánto trigo producen
estos países en relación con la producción mundial de trigo, sino cuánto trigo exportan estos
países en relación con las exportaciones globales de trigo. Si un país produce mucho trigo,
pero también consume mucho trigo internamente, entonces la producción de trigo de ese país
tiene una influencia menor sobre los mercados internacionales. No digo que no pueda tener
ninguna influencia. Por ejemplo, si su producción interna cae y la población local quiere mantener
el mismo nivel de consumo de trigo, tendrán que importar la diferencia y eso tensionará los
mercados globales. Pero si cae la producción y cae el consumo interno de ese país, pues
entonces efectivamente su influencia sobre los mercados internacionales sería muy escasa o
prácticamente nula. Por consiguiente, para medir cuál puede ser el impacto que la disrupción de
la producción interna de trigo pueda tener sobre los mercados internacionales, no tenemos que fijarnos
en cuánto trigo produce ese país en relación con la producción mundial de trigo. Más bien,
en lo que tenemos que fijarnos es en cuánto trigo exporta ese país en relación con las
exportaciones globales de trigo. Si prácticamente toda la producción de trigo de un país se
dedica a la exportación, entonces es obvio que si su producción interna cae también caerán las
exportaciones y entonces los mercados internacionales de trigo se verán muy tensionados. Pues bien,
¿cuál es el porcentaje de las exportaciones globales de trigo que está siendo abastecido por
importaciones rusas y ucranianas? El 33%. Es decir, un tercio de todas las exportaciones globales de
trigo proceden de Rusia y de Ucrania. Por consiguiente, si hay una disrupción interna muy fuerte en la
producción de trigo en cualquiera de estos dos países, evidentemente eso sí va a tener una
repercusión seria sobre los mercados internacionales y, por tanto, sobre el precio global del trigo.
En consecuencia, lo que suceda en la producción de trigo de Ucrania y de Rusia se afecta,
y mucho, a los precios globales del trigo. Hay motivos para pensar que la invasión de Ucrania por
parte de Rusia y las sanciones económicas subsiguientes por parte de Occidente contra Rusia
pueden afectar gravemente a la producción de trigo en ambos países. Pues sí, hay razones para
pensarlo, esencialmente por cuatro motivos. Primer motivo, dificultad de los agricultores
rusos y ucranianos para acceder a fertilizantes y a pesticidas. Sin fertilizantes y pesticidas no
pueden cultivar el trigo y ahora mismo es muy complicado que puedan adquirirlos. En Ucrania,
porque transportarlos hasta este país implica pasar por una zona de guerra y a Rusia, porque
las sanciones globales dificultan mucho que los agricultores puedan pagar esos fertilizantes y
esos pesticidas que importaban desde el exterior. Por consiguiente, aquí tenemos un primer cuello
de botella que estrangula la producción de trigo en ambos países. Segundo motivo,
escasez de mano de obra en el campo. Este es un problema que afecta sobre todo a Ucrania,
dado que la mayor parte de la población adulta está siendo movilizada para combatir en el
frente militar. Hay muchas plantaciones que se han quedado sin trabajadores con los que
poder cultivar y cosechar el trigo. Por consiguiente, aquí tenemos otro segundo cuello de botella que
estrangula la producción de trigo, en este caso en Ucrania. Tercer motivo, dificultades logísticas.
Gran parte del trigo de Ucrania y de Rusia se vende y se transporta a través del mar negro,
y el mar negro ahora mismo es el epicentro marítimo de la guerra. Por tanto, se vuelve más arriesgado
meterse en el mar negro tanto para transportar mercancías desde el resto del mundo a Ucrania
y a Rusia, cuanto, para transportar mercancías, trigo desde Rusia y Ucrania hacia el resto del
mundo. Y cuarto motivo, una enorme incertidumbre económica y política que puede llevar a muchos
agricultores rusos y ucranianos a no sembrar trigo al menos de momento. Si estamos diciendo que esos
agricultores no tienen garantizado el suministro de fertilizantes y pesticidas, no saben si van
a poder encontrar trabajadores con los que trabajar el campo. No saben si, aun cuando todo salga bien
y consigan cultivar y cosechar el trigo, si van a poder venderlo y transportarlo a los mercados
internacionales. Y si además, todo esto lo incluimos en un contexto de guerra y de sanciones
económicas fortísimas contra Rusia, pues muchos agricultores pueden decidir que de momento y hasta
que se tranquilicen las aguas y hasta que se normalicen los mercados, no van a volver a sembrar
trigo. Todos estos veros similes y probables, problemas de suministro en la oferta a futura
de trigo, ya se están dejando sentir en los mercados financieros. No en vano, el precio del
trigo ha alcanzado durante estos días su máximo histórico en términos nominales. Nunca antes,
el trigo había sido tan caro como en la actualidad. Estamos hablando de niveles de precios que duplican
los del año 2021 o que triplican los niveles de precios previos a la pandemia. Por tanto,
si la guerra perdura, si los riesgos que mencionábamos antes en la disrupción de la cadena de valor
se materializan, si por tanto la subida del precio del trigo se consolida e incluso se incrementa,
a lo que asistiremos es aún encarecimiento muy importante de aquellos productos que sean
derivados del trigo, como por ejemplo el pan y la pasta. Por supuesto, este podría parecer un
problema relativamente menor en sociedades ricas como las occidentales. Incluso aunque se duplicara
o triplicara el precio del pan, la inmensa mayoría de españoles, con sacrificios, eso sí, pero la
inmensa mayoría de españoles podrían seguir pagándolo. El gran problema de este encarecimiento
del precio del trigo no lo vamos a vivir en el occidente desarrollado, que también nos afectará
desde luego, pero el gran drama que puede derivar de este encarecimiento histórico del precio del
trigo sobre todo lo experimentarán en los países más pobres. En esos países el problema no solo es
que tengan ingresos mucho más bajos, que en España y por tanto no puedan permitirse pagar dos o tres
veces el precio del trigo previo a la guerra. El problema también es que una de las bases de su
alimentación es el trigo. Un alto porcentaje de todas las calorías que consumen diariamente procede
de productos derivados del trigo. En definitiva, no solo es que sean pobres y que por tanto tengan
poco margen financiero para pagar más por el pan, es que además ese producto constituye una de las
bases de su alimentación. Se les está encareciendo aquello que comen fundamentalmente. Y los países
más afectados por esta disrupción de la producción y exportación global de trigo serán aquellos
países que sean más dependientes de las importaciones de trigo desde Rusia y desde Ucrania. En el
siguiente gráfico podemos observar cuáles son los países cuyas importaciones de trigo dependen
en mayor medida de Rusia. No solo aparece representado el porcentaje total de sus importaciones de
trigo que proceden de Rusia, sino también cuál es el volumen de todo el trigo importado. Porque
si importan mucha cantidad de trigo, eso también nos señalara que ese trigo será muy difícil de
reemplazar en los mercados internacionales. Dicho de otra manera, aunque un país importe el 100%
del trigo de Rusia, si el 100% del trigo de Rusia son 10 toneladas de trigo, eso es fácil de
sustituir buscando otros proveedores en los mercados internacionales. Si en cambio estamos hablando de
20, 30 millones de toneladas, obviamente eso no es tan sencillo de sustituir, aunque el trigo ruso o
el trigo ucraniano representen un porcentaje más bajo de sus importaciones totales de trigo. En
cualquier caso, como podemos observar en este gráfico, los países que en términos relativos
dependen más de las importaciones de trigo desde Rusia son Kazajistán, Qatar, Azerbaiyán,
Corea del Norte, Tanzania, Armenia, Georgia, Rwanda, Kirigistán o Togo. En estos países el porcentaje
importado desde Rusia constituye entre el 80 y el 100% de todo el trigo que importan. Sin embargo,
también podemos ver en el gráfico que el volumen absoluto de trigo que estos países importan
desde Rusia no es muy significativo, de ahí que los mayores problemas se van a concentrar en dos
países, Turquía y Egipto. Turquía y Egipto importan entre el 65 y el 70% de todo el trigo
que compran en el extranjero desde Rusia y compran una enorme cantidad de trigo. Estamos hablando de
casi 2.000 millones de dólares al año de trigo importado desde Rusia. Pero de estos dos países,
Turquía y Egipto, el que desde luego va a sufrir más va a ser Egipto, porque fijémonos cuál es
el porcentaje de trigo que además importa Egipto desde Ucrania. Estamos hablando de un porcentaje
cercano al 25%. Es decir, que si Egipto importa el 65% del trigo desde Rusia y el 25% del trigo
desde Ucrania, el 90% de todo el trigo que importa Egipto procede de estos dos países en conflicto.
Y es un volumen de trigo muy grande y por tanto muy complicado y muy caro de sustituir con otros
proveedores internacionales. Sea como fuere, en este gráfico también podemos observar que otros
países van a verse afectados negativamente por la paralización de la producción de trigo
ucraniano. Países como Laos, Líbano o Moldavia importan el 90% de su trigo desde Ucrania. Otros
países como Libia, Somalia, Túnez o Pakistán entre el 40 y el 55% de todas sus importaciones de
trigo. Es una crisis alimentaria inevitable. Todavía no. Existen diversos mecanismos por
los que se puede terminar evitando. Por un lado, si la guerra en Ucrania termina pronto y se normalizan
con rapidez los lujos de trigo. Además, también cabe la posibilidad de que otros países distintos
de Ucrania y de Rusia incrementen a futuro su producción de trigo. Y en tercer lugar, además,
muchos de estos países cuentan con un colchón de reservas de trigo que, según ellos mismos dicen,
les conceden cierta autonomía frente a importaciones hasta mediados de año. Es decir,
que todavía hay tiempo para evitar una crisis alimentaria. Ahora bien, si la guerra se inquista,
si no es fácil sustituir la producción ucraniana y rusa de trigo en los mercados globales y si
se agotan las reservas de estos países, nos podemos encontrar ante una crisis alimentaria muy grave,
una crisis alimentaria que tendrá consecuencias del todo imprevisibles. Desde conflictos y
revoluciones locales en estos países tan dependientes de las importaciones de trigo
rusas y ucranianas, hasta migraciones masivas hacia el occidente rico buscando alimento y
sustento. Aunque la crisis energética derivada de la guerra de Ucrania sea la que ahora mismo está
copando las portadas de prácticamente todos los periódicos, no perdamos de vista la potencialmente
mucho más grave crisis alimentaria en ciernes.