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Credit Suisse, un banco con 167 años de historia, va a desaparecer engullido por su rival UBS. ¿Qué
ha sucedido en esta historia? ¡Veámoslo! La semana pasada ya analizamos los diversos
problemas a los que se enfrentaba el banco suizo Credit Suisse. Básicamente, después de una
década acumulando escándalos y malas inversiones, hasta el punto de que en el año 2022 las pérdidas
que registró esta entidad equivalían a todos los beneficios que había acumulado en los 12 años
anteriores, después de una pérdida reputacional muy importante durante la última década,
el actual contexto de turbulencias financieras y, por tanto, de desconfianza generalizada
hacia el sector financiero, terminó por darle la puntilla. Si en el cuarto trimestre del año 2022
Credit Suisse había experimentado una fuga de más de 100.000 millones de euros en depósitos,
solo durante la última semana Credit Suisse había perdido 70.000 millones de euros adicionales en
depósitos. Por tanto, los depositantes de este banco estaban huyendo en masa de la entidad.
Por significativas que pudieran ser sus posiciones de liquidez, que desde luego lo eran en bastante
mayor medida que las de Silicon Valley Bank, o por cubierta que pudiese tener su cartera de
inversiones a largo plazo frente a los incrementos de los tipos de interés, una desconfianza
sistémica de este calibre en Credit Suisse, que llevó, insisto, a la retirada de más de 70.000
millones de euros en depósitos en apenas una semana, era insostenible para prácticamente
cualquier entidad. Al menos si estamos hablando de entidades financieras que operan dentro de
las reglas de juego actuales. Es decir, entidades financieras que aún teniendo cierta liquidez a
corto plazo, mayoritariamente están invertidas a largo plazo. Si tu activo es mayoritariamente
de largo plazo y tus deudas son de corto plazo y los acreedores en forma de depositantes te están
exigiendo el recobro acelerado de esas deudas a corto plazo, pues no tienes recursos en última
instancia para abastecer, para reembolsar todas las peticiones que te están efectuando. Pues bien,
la fuga de depósitos estaba asfixiando totalmente a Credit Suisse y no parecía que fuera a revertir,
a pesar de la línea de liquidez que la semana pasada le prometió el Banco Nacional de Suiza
de más de 50.000 millones de euros. Nada de eso era suficiente, insisto, en apenas una semana
perdió 70.000, por tanto consumió más que toda esa línea de liquidez y en consecuencia las
autoridades suizas aprovecharon el fin de semana, con nocturnidad y alevosía,
para reestructurar el sistema financiero suizo tratando de recuperar la confianza que se había
perdido con el caso de Credit Suisse. Hay que tener en cuenta, además, que el problema de Credit Suisse
no era un problema exclusivo del sistema bancario suizo. Credit Suisse era una entidad calificada
como GESIP, es decir Global Systematically Important Banks, bancos considerados globalmente
demasiado grandes como para dejarlos caer. Otro debate, por cierto, y habrá paréntesis,
es si deberían existir bancos demasiado grandes como para dejarlos caer. Es decir,
si un estado nos dice que determinados bancos son demasiado grandes como para dejarlos caer,
quizá también sean demasiado grandes como para dejarlos existir. La existencia de una
empresa puede fundamentarse en un chantaje potencial contra el contribuyente. Si lo hago
mal me vas a tener que rescatar porque, en caso contrario, abriré las puertas del infierno. Pues
no parece que esa sea una ventaja competitiva legítima en la que fundamentar un modelo de
negocio. Por tanto, si hay bancos demasiado grandes para caer, quizá esos bancos también
sean demasiado grandes para meramente existir. Pero, cierro el paréntesis, Credit Suisse es
una entidad considerada globalmente demasiado grande para caer, y precisamente por eso el
marrón, el problema, no lo tenía únicamente el sistema bancario suizo ni tampoco las autoridades
financieras suizas. Los gobiernos extranjeros estuvieron presionando la semana pasada al
gobierno suizo para que este fin de semana diera una solución al caso de Credit Suisse,
a una entidad globalmente sistémica. Y el gobierno suizo, en parte motu proprio,
pero en parte también presionado por gobiernos extranjeros, este fin de semana,
con nocturnidad y alevosía, reestructuró el sistema financiero del país. ¿Y cómo lo
reestructuró? Pues forzando la adquisición de Credit Suisse por parte de su rival UBS.
¿Y a cambio de qué ha aceptado UBS adquirir a su rival Credit Suisse? Pues a cambio de unas
condiciones que a priori, y a falta de saber los agujeros que verdaderamente se esconden detrás
del balance de Credit Suisse, que a priori parecen o parecerían bastante ventajosas.
Primero, el precio que pagará UBS para adquirir Credit Suisse será de 3.000 millones de francos
suizos, unos 3.000 millones de euros. Esto equivale a 0,75 francos suizos por acción. A cierre del
pasado viernes, las acciones de Credit Suisse tenían un valor de 1,86 francos suizos, es decir,
el conjunto de la compañía tenía un valor de unos 7.500 millones de francos suizos. Por
consiguiente, UBS ha comprado Credit Suisse con una rebaja del 60% frente al último precio de
mercado que registró Credit Suisse. Pero es que hace un año las acciones de Credit Suisse superaban
los 7 francos suizos por acción. Es decir, que la compañía tenía un valor de mercado que rozaba
los 30.000 millones de euros. De modo que UBS ha comprado Credit Suisse con un descuento del 90%
frente al valor de mercado que exhibía este banco hace apenas un año. Y todo esto, cuidado,
se ha hecho sin darles a los accionistas de Credit Suisse el derecho a votar si aceptan la
propuesta de UBS o no. Las autoridades suizas impondrán ese precio y esa compra de UBS sobre
Credit Suisse, quieran o no quieran los accionistas. Por tanto, estamos ante una expropiación del
banco en favor de UBS. Los dueños del banco, que eran los accionistas, no se pueden pronunciar
sobre si aceptan vender el banco a ese precio o no. Cuestión distinta, que esto también hay que
tenerlo muy en cuenta, es si los accionistas del banco deberían tener en cualquier circunstancia
ese derecho. Y me explico. Por supuesto, yo soy un firme, un férreo defensor del derecho de propiedad,
pero del derecho de propiedad en un mercado libre. Si un derecho de propiedad recibe privilegios
extraordinarios, por ejemplo, acceso privilegiado al banco central o, por ejemplo, protección a
través del estado de determinados tramos de deuda, como por ejemplo los depósitos,
entonces ese derecho de propiedad sí se ejerce, pero se ejerce con privilegios parasitarios frente
al resto de la sociedad. Y eso es lo que sucede con cualquier banco. Los accionistas se ven
beneficiados por los privilegios que el establishment estatal les concede a los bancos,
en forma de acceso privilegiado al banco central y en forma de promesa de rescate de algunos de
sus acreedores. Por tanto, claro, si tú durante muchos años te has estado beneficiando de esos
privilegios, ¿qué ocurriría con los bancos si no tuviesen esos privilegios? Pues probablemente
que quebrarían todos y el accionista lo perdería absolutamente todo. Si tú te has visto beneficiado
sistemáticamente, estructuralmente de esos privilegios, quizá entonces no te quede otra
que aceptar una limitación en tu derecho de propiedad. ¿Cuándo no aceptar esa limitación?
Y debido al comportamiento del banco como consecuencia de los incentivos perversos,
es decir, de los privilegios que establece nuestro sistema estatal financiero, si como
consecuencia del comportamiento del banco derivado de esos privilegios el colapso del banco genera
un daño muy fuerte para terceros, quizá debas aceptar la limitación a tu derecho de propiedad
como contrapartida de todos los privilegios que has recibido hasta la fecha. Pero no pensemos
que las condiciones de adquisición de Credit Suisse por parte de UBS terminan aquí. En segundo
lugar, UBS también ha exigido y se le ha concedido que los bonos contingentes convertibles,
los famosos cocos, deuda subordinada de UBS específicamente emitida para absorber pérdidas
que pongan en riesgo el capital regulatorio, que esos bonos, esos cocos, pasen a valer cero. Esto
ha supuesto pérdidas de 16.000 millones de euros para los acreedores en forma de obligaciones
contingentes convertibles de Credit Suisse. Dicho de otra manera, si el valor de estas
obligaciones no se hubiese reducido a cero, eso serían 16.000 millones más, eso serían 16.000
millones de euros más de deuda con la que cargaría UBS por adquirir Credit Suisse. Si
esas obligaciones se reducen a cero, eso significa que UBS se ahorra 16.000 millones de euros que
alternativamente podría tener que pagar como consecuencia de la adquisición de Credit Suisse.
A este respecto, por cierto, se ha criticado mucho, lo han hecho incluso las instituciones
europeas, que se haya reducido a cero el valor de los cocos y, en cambio, los accionistas de
Credit Suisse vayan a recibir 3.000 millones de euros. Y es que, en principio, parecería que estos
cocos, que estas obligaciones contingentes convertibles, deberían haberse convertido
en acciones, diluyendo por tanto la participación de los actuales accionistas, y entre todos los
accionistas, los antiguos y los nuevos tras la conversión de los cocos en acciones,
haberse repartido los 3.000 millones de euros que UBS pagará por Credit Suisse. De tal manera que
los antiguos accionistas habrían recibido en términos efectivos muchísimo menos y los nuevos
accionistas, los acreedores de los cocos, no habrían perdido el 100% de su inversión. Pero
esto no se ha hecho así, alterando lo que tradicionalmente sería la jerarquía de
prelación de cobro en un concurso de acreedores. No obstante, hay que decir que, en principio,
parece que aquí no hay ninguna violación contractual. Y es que esta serie de cocos
de Credit Suisse se emitió bajo la condición de que, si venían maldadas, en lugar de convertirse
en acciones, su valor caería a cero. Por tanto, quien invirtió en estos pasivos,
quien invirtió en estas obligaciones, en estos bonos, ya debería saber a qué riesgo se exponía.
Y el riesgo era perderlo todo si el capital regulatorio caía, no convertirse en accionista
para completar ese capital regulatorio. Pero ni siquiera todo lo anterior bastaba para convencer
a UBS de comprar Credit Suisse. Y con todo lo anterior me refiero a que se ha imputado a
accionistas y a acreedores subordinados de los cocos 16.000 millones de euros en pérdidas. A
los accionistas se les ha hecho una quita de 4.000-4.500 millones de euros y a los acreedores
de los cocos de 12.000 millones de euros. Eso es dinero que se ahorra Credit Suisse. Eso es dinero
que se ahorra UBS al comprar Credit Suisse. No tiene que responder de nada de todo eso. Las
pérdidas potenciales que tuviera Credit Suisse ya se les imputan de antemano a estos accionistas
y a estos acreedores. Pues bien, ni siquiera así, ni siquiera con una quita preventiva de más de
16.000 millones de euros, UBS quería comprar Credit Suisse. O al menos aparentaba que no lo
quería comprar. Y así, en tercer lugar, ha exigido que las autoridades suizas, tanto el
gobierno suizo como el Banco Nacional de Suiza, le den un empujoncito, le den una ayuda. ¿En qué
ha consistido esa ayuda? Por un lado, el gobierno suizo se compromete a absorber pérdidas de
hasta 9.000 millones de euros que puedan derivarse de los activos problemáticos de Credit Suisse. Y,
por otro lado, el Banco Nacional de Suiza le extenderá a UBS una línea de liquidez de 100.000
millones de euros. No hay que mezclar ambos tipos de ayudas. En principio, la línea de liquidez es
únicamente un préstamo que, si UBS no quiebra, se terminará devolviendo al Banco Central. Por
tanto, como mucho, hay un subsidio en forma de tipos de interés, pero no hay una transferencia
permanente de 100.000 millones de euros o de francos suizos. En cambio, los 9.000 millones de
euros o de francos suizos, en forma de esquema de protección de activos que sí ha aceptado el gobierno
suizo, sí supone muy probablemente que UBS termine descargándole al contribuyente suizo pérdidas de
9.000 millones de euros. Esto equivale a algo más del 1% del PIB suizo. No es algo, desde luego,
dramático. El rescate bancario en España fue muchísimo más costoso hace 10 años,
pero no obstante, se trata de una socialización de pérdidas con el contribuyente que no tiene
absolutamente ninguna justificación. Si la primera y la segunda condición de la compra de Credit Suisse
por parte de UBS era hasta cierto punto discutible pero razonable, esta tercera parte no tiene,
repito, ninguna justificación. Los accionistas y los acreedores subordinados pueden tener que
exponerse a pérdidas, incluso a pérdidas del 100% de su capital, porque han decidido invertir en
Credit Suisse. Los contribuyentes suizos, o los de cualquier otro país, me da igual, no tienen
por qué responsabilizarse ni de un solo franco suizo de Credit Suisse, porque ellos han decidido
no invertir en Credit Suisse. Y si tú decides no invertir en Credit Suisse porque consideras,
quizá, que Credit Suisse no supone un buen riesgo, no tiene ningún sentido, ni económico,
ni moral, que te carguen las pérdidas por una decisión que has tomado responsablemente. No
invertir en Credit Suisse. Al final, por tanto, se recompensa la irresponsabilidad. Si invierto
en Credit Suisse cuando no debería haber invertido, en parte me rescatan, por ejemplo,
la deuda senior de Credit Suisse, y si no invierto en Credit Suisse cuando no debería haber invertido,
porque Credit Suisse es un mal modelo de negocio, me cargan la factura de las pérdidas de los que
se han invertido. Insisto, un horror injustificable. Dicho todo esto, significa que UBS ha hecho el
negocio del siglo comprando Credit Suisse. Una rebaja en el precio de más de 16.000 millones de
euros, unas garantías de 9.000 millones de euros, por tanto, una rebaja potencial de hasta 25.000
millones de euros, y una línea de liquidez de más de 100.000 millones de euros. Significa,
repito, que todo esto es tremendamente ventajoso. Pues la verdad es que no lo sabemos. Y no lo
sabemos porque ignoramos, y probablemente UBS también lo ignore, qué hay realmente detrás de
los libros de Credit Suisse. ¿Cuáles son las pérdidas potenciales que puede haber acumuladas
en Credit Suisse? De hecho, este lunes los CDS de UBS, es decir, los seguros contra el riesgo de impago
de la deuda de UBS, han amanecido disparándose. Los inversores temen que después de la compra
de Credit Suisse, el default, la suspensión de pagos de UBS, sea más probable que antes de
la adquisición de Credit Suisse. Vamos que traspasando la basura de Credit Suisse al balance
de UBS, quizá lo que terminemos haciendo sea empujar a UBS al abismo. Las aguas del
sistema bancario estadounidense y del sistema bancario europeo siguen tremendamente revueltas,
a pesar de todos estos parches, de todas estas reestructuraciones, de todos estos rescates o
medio rescates que se están articulando para tratar de reestablecer esa confianza. Y cuanto
más dure esta fragilidad, esta desconfianza, esta intranquilidad, más se debilitará el sistema
bancario europeo o estadounidense, y por tanto, más probable será que asistamos a nuevas suspensiones
de pagos. No solo eso, cuanto más se prolongue esta intranquilidad, más se resentirá la economía
real porque el flujo de crédito desde el sistema bancario a esa economía real tenderá a interrumpirse.
De ahí la urgencia que tienen las autoridades fiscales y monetarias en estabilizar la credibilidad
de sus sistemas bancarios y de ahí la intranquilidad creciente que genera el
hecho de que no lo estén consiguiendo.