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I parlem amb la Maria Jesús Serrano Arias. Bon dia. Bon dia. Doncs, Maria Jesús, expliqui'ns com era la seva vida a Ciutat Real abans de venir aquí a Catalunya. No me lo diga, porque es muy mala. Buena, pero mala. Porque había que trabajar mucho y en el campo, que eso es fatal. Vostè treballava al camp? ¿Cómo? Sí, vostè treballava en el campo.
Arrancaba garbanzos, guijas, hierro i lentejas, de tot el que havia de sembrar, de tot. I altra cosa que no m'acuerdo que era per les cabres, tot el que ens deixien del camp íbamos a arrancar. No jo sola, el poble era del camp, tot el que esatia era del camp. Quin poble era? Alcubillas se llama. Per què va marxar d'allà?
porque trabajábamos mucho y ganábamos poco. Sirviendo, me puse a servir y daban 5 euros al mes de rodillas, fregando de rodillas. Y aquello no... Había algunas, como yo digo, pocas flojas que se enfermaban de las rodillas. Y yo cuando vi todo aquel jaleo, le digo a mi madre,
Porque se fueron dos o tres a Sabadell y le escribieron a las madres que estaban bien, les mandaban el dinero que ganaban, se lo mandaban a las madres. Yo me enteré, fui a hablar con las madres y digo no, yo aquí ya me he acabado. Y digo a mi madre, me voy. Como era que metía la cabeza y la tenía que sacar, dice dónde te vas, digo a Sabadell, tú no te vas sola.
Bueno, pues búscame un alguien que me vaya, que a mí me guste, le dije a mi madre, que me guste y que me cuide. Dice, no, te voy a cuidar yo, porque si tú te vas, me voy yo, pues lo veo muy bien. No teníamos dineros.
Y vendió mi madre la máquina de coser, que le costó un llanto. Madre mía, como no nos vaya bien, tú no pases cuidado que nos va a ir... Si no nos podemos... Porque a mí me dijeron que había mucha industria.
Digo, pues si no es sirviendo en la industria. Sí, pero nosotros no sabemos ni entendemos nada. Digo, la gente que va allí tampoco aprende, no sabe nada y aprende. Pues nosotros no somos tan tontos, también aprenderemos. Y nos fuimos y nos vinimos a Sabadell. Y allí se abrió el campo.
Fuimos, yo fui a una fábrica, porque primero estuve sirviendo para conocer un poco el pueblo. Estuve sirviendo, a lo mejor me o dos, me parece que no he llegado, bueno, estuve sirviendo. Y yo me iba enterando, iba yo, los que tenía allí fiesta, un día que tenía fiesta...
Yo preguntaba a ver las fábricas y todo eso, y cuando me enteré de las fábricas que ganaban más, yo no sabía nada, nada más que estar en el campo.
Pues fui y llamé a una puerta y era de fábrica. Y dice, ¿qué pasa? Digo, no pasa nada. Hay aquí faena así para alguien. Dice, ¿pero qué sabe hacer? Digo, nada. Los restes que llevaba.
Y dice, no, pero yo aprendo, yo también sé aprender. Dice, pues bueno, pasa, que te voy a pasar al despacho. Me pasó al despacho un señor que después lo conocimos y dice, ¿de dónde eres? Digo, soy manchega, soy al lado de Valdepeña.
porque como en mi pueblo, Alcubillas, no se oía mucho, digo, al lado de Valdepeñas, que se oía por la fama del vino, Valdepeñas. Y entonces pasé y me dice, ¿tú qué sabes hacer? Digo, si es que no sé nada, que yo vengo del pueblo ahora.
Por no decirle que había estado sirviendo, no por bajeza, no, por la esta del dueño que me estaba... Y es el dueño y el encargado, estaban allí los dos. Y le dice el encargado, dice, yo la veo un poco espabilada. Digo, un poco, no, bastante, que yo estaba al lado de Valdepeña y mira dónde me encuentro.
Fíjate si he volado. Bueno, pues la dejaremos aquí, pero primero hay que aprender.
Digo, bueno, pues a eso vengo a aprender. Me pusieron allí en la máquina, claro, yo no sabía ni cómo iban. Me daba hasta miedo de acercarme porque era enganchafil y eran unas máquinas que subían y bajaban, subían y bajaban. Pero arriba hacía un cambio de alambre y aquel cambio...
Hay una persona que se cortaban los dedos, una persona. Y yo digo, pues yo, bueno, yo me espabilaba y ya cuando ya sabía enganchar el hilo y todo, ya... Y hacer una aburrida para el hilo, no hay que hacer nudo, aburrida y fuerte, porque la máquina a la que lo retorcía...
Se podía romper y eso no se podía romper. Bueno, una desgracia allí yo andando y la cabeza me funcionaba. Digo, madre mía, yo no sé si me voy a fregar suelo o seguir. Por seguir.
Y aprendí. Llevaba ya la máquina. Ya había que darle los dientes a la máquina porque si están así solos se van engordando y se friegan y se tuesta el hilo. Pues dando dientes y yo siempre me fijaba mucho en las cosas y me pasaba como aquel loro. Dice, no habla pero se fija mucho. Pues eso me pasaba a mí. Yo fijándome en todo. Y a ver la otra y a ver esa. Y cuando íbamos a almorzar yo preguntaba
una blanchina por allí. Claro, no sabía cómo iba todo aquello, yo me quería enterar. Y ya cuando ya estuve allí aprendiendo y aprendí, pero me costó un poco porque yo nunca había visto aquello. Pero en dos meses o así aprendí. Ya llevaba máquina. Dice, no, esta no conviene a nosotros porque dice, ¿ya sabes llevar la máquina? Y digo, sí. Ahora te voy a dar horas.
Dice, primero te daré las ocho horas. Bueno, pues hacía las ocho horas. ¿Qué? ¿Cómo te va? El encargado iba por allí dando vueltas. ¿Cómo va esto? Pues bien. ¿Tú quisieras hacer horas? Digo, ah, sí. Primero tres, luego cinco, luego seis, luego diez. Total, llegué a hacer hasta dieciocho horas cada día.
Y me dijeron, ¿estás cansada? Digo, yo no, yo no me canso. Pero, claro, tenía que dormir. Pero ya no a las más horas, ¿no? Digo, con 18 tengo bastante. ¿No te quitas ninguna? Digo, no, no, con 18 ya me espabilaré yo para hacer las 18 horas. Y hacía 18 cada día.
en la fábrica, de pie derecho y para allá y para acá, que se llaman cefetinas, para allá y para acá, para allá y para acá. Pero yo no me cansaba, claro que me cansaba, pero me aguantaba, como decía aquel. Me duele, pero me aguanto.
Y ya cuando ya vi la semanada que me daba y yo llegaba a mi casa con mi madre, le decía, mira, mira lo que traigo, ahora podemos vivir mejor. Y yo mucha alegría tenía. Y cuando hablaba con mi madre, era la única persona que me llenaba, mi madre. Mi madre me consolaba, no llores, hija.
¿Cómo no voy a llorar? Si hemos estado sirviendo y tirar por el suelo de rodillas, que antes no había bojagondeses, teníamos que ir de rodillas. Yo estaba muy contenta, contra más trabajaba, más me gustaba trabajar. No me cansaba, me cansaba pero me aguantaba. Y así hemos vivido aquí en Cataluña. Menos mal que nos vinimos a Cataluña y se nos abrió el campo. Quants anys tenia quan va venir?
O 17. Lo mejor de mi vida. Pero no pensaba... Luego ya me hice novia, ya pensaba en el novio, pero entonces no pensaba en nada. Tenía el novio y ya pensaba en él. El novio ya me casé con él. Y cuando van arriba aquí, ¿on van a viure?
Cuando venimos aquí, venimos a casa de una hermana, no, a ver si me acuerdo cómo se dice, la mujer de un hermano de mi padre, que ya vivían aquí, tenía una hija y un hijo,
Y se vinieron aquí los tres y aquí trabajaban, que vivían en un sitio que le decían la Cruz de Bárbara. Pero en sábado. Nos vinimos allá a la casa de mi tía y estuvimos aquella... vinimos por la tarde y por la mañana, otro día por la mañana, ya no fuimos a buscar faena. No, primero fuimos a buscar...
una casa para servir, porque no sabía yo todo el movimiento. Estuve sirviendo. Aquella casa, cuando me vine, lloraba la mujer. No, Mari, no te vayas, que yo estoy muy contenta contigo. La arreglaba en la sábana.
Les sacaba todos los nidos de... Cómprame ropa que te voy a echar piezas en la sábana. Y se ponía así de ancha. Cuando la arreglaba a una sábana, le cosía la máquina, le cosía la primer pasada a máquina, luego la otra mano, y como se lo hacía tan bien, se la llevaba ya a la peluquería para enseñársela. Mira a la chica que tengo, mira lo que me hace. Oh, en su pueblo no hay más chicas.
Sí, habrá, pero ¿qué vamos a hacer con ella? Dice, no, si es para que me traiga. Dice, no. Y ya cuando me lo dijo la señora, que se equivoquen, que yo no voy a traer a nadie. Era que quiera que haga lo que yo venisse. Si le va bien que siga y si no, que se vaya a su casa. Y ya no... Y estábamos muy bien. I què és el que més li va sorprendre de Catalunya? Que què me sorprendió?
Bueno, de grande no, porque había estado yo en Madrid, había estado en València, no trabajando, no viéndola, la había visto. Pero lo que me sorprendió más que iba por la noche con mi novio, que entonces éramos novias, con mi marido.
que ibas por la noche, cha-cha, cha-cha, cha-cha, los telares, cha-cha, cha-cha, cha-cha. Y digo, madre mía, qué ruido esta gente que viven arriba, no dormirán. Eso me llamó la atención, porque en mi pueblo todo eso no se oía. Pero yo digo, cuando hay trabajo de día y de noche, porque hay dinero, hay trabajo, hay dinero. Nada, yo tengo que aprender. Y ya me salí de servir,
Servía por la mañana y por la tarde me iba a prender a una fábrica. Hacerla aburrida y llevar la máquina, los dientes, cuando se pone engorda, a darle los dientes para que no se engorde y que vayan todas igual. Y así me fui apañándome. Y las que tenía allí al lado de la máquina venían... Pues muy mal, yo lo veo mal.
Igual que he aprendido vosotros, aprenderé yo. El este no me seguía a mí de la cabeza, que allí ganaban dinero y sirviendo no se ve, se ganaba tanto. Aunque cuando fui a servir, me fui a servir por cien pesetas al mes, pero cuando fui a cobrar me dio doscientas.
Porque, claro, si es que yo me portaba bien. Y dice, digo, no, yo no dijimos que cien, pero te voy a dar doscientas. Y me dio doscientas pesetas. Y yo estaba contenta, porque yo le...
Veia una sábana que la tenía liada y allí en el hueco de la escalera la tenía y yo le saqué aquello y cuando le saqué todas las sábanas que había, que estaban todas con el agujero, cómprame un metro de ropa de sábana. Le compraba un metro, le arreglaba la sábana.
Se la llevaba hasta la peluquería y entonces se la llevaba. Mira que saben arreglar la chica que tengo en la casa. Y a mí no me pueden traer. Digo, no, quien quiera que vaya allí al pueblo, que yo estoy aquí muy bien. Y así nos íbamos apañando. I va trobar a faltar la seva terra en algun moment? No.
Me echaba de menos, no, porque hubiera echado de menos a mi novio, que era mi marido. Bueno, después fue mi marido, mi novio. Pero en cuanto que yo fui un poco este, él se fue a València y yo pasaba de él. Pues me lo traje de València para acá.
Me lo traje, mira, pasa esto, por teléfono, para que se diera más deprisa, no por la carta. Y cogí y le digo, mira, te he buscado una faena para que te vengas. Y yo, si no te gusta, una vez que estás aquí, ya te espabilarás. Y sí, sí, le buscó una faena, se vino...
Y al meo, así, dice, ya tengo faena. Digo, ya, sí. Dice, me voy con la... ¿Cómo se llama? La Bella Dorita, que era una señora que era muy famosa en Barcelona. Y cantaba, y se lo llevó, la Bella Dorita, se lo llevó a cantar a su casa. Y iba a trabajar al campo y por la noche a cantar.
Él también se espabilaba. Digo, no, nos tenemos que espabilar aquí porque hemos venido, no hemos gastado el dinero. No, poquillo dinero que traíamos y hay que espabilarse. Se espabiló y yo también espabilamos. Yo a cero hora. Yo 18 cada día. Y él también trabajaba.
También lo que podía. Y así nos apañamos. Nos compramos un terreno. Bueno, ya se vino mi madre, mi abuela, que es la que se quedó mi madre viuda y se fue con mi abuela. Y allí vivíamos mi abuela, mi madre, mi hermano y yo.
Los cuatro. Pues había otro que éramos cinco. Bueno, ahora no me acuerdo. A lo mejor algún hijo de mi abuela. Y estábamos desagradable, vivíamos bien, comíamos lo que queríamos, que antes no podíamos. Y le digo a mi abuela y a mi madre, digo, de Cataluña no nos vamos, en Cataluña nos quedaremos porque aquí trabajamos, pero comemos. Y aquí estamos.
Moltes gràcies. Moltes gràcies.